Editorial

Presidente indígena

La ceremonia ha inspirado críticas que omiten el contexto de su producción

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 23 de enero de 2015

Por tercera vez consecutiva, durante la víspera de su posesión como presidente constitucional del Estado Plurinacional, Evo Morales participó de una ceremonia “ancestral” en la cual fue investido como líder espiritual de los pueblos indígenas del país y del continente. Como en las otras dos ocasiones, el acto ha inspirado críticas que omiten el contexto de su producción.

En efecto, los actos que se comentan no son ni espontáneos ni propiamente ancestrales, pues en los hechos suponen una reconstrucción de lo que los amautas (sacerdotes andinos) consideran que debe haber sido un acto en el que se reconoce la dignidad de un líder. Además, dado el gran despliegue técnico de Bolivia Tv, señal televisiva que fue retransmitida por otros canales nacionales e internacionales, además de las repercusiones que provocó en el resto del sistema de medios de comunicación, se trató de un evento de carácter mediático.

Las críticas, que son parecidas, si no idénticas, a las escuchadas en 2006 y 2010, se refieren a la cuestionable autenticidad de la ceremonia; al uso del Templo de Kalasasaya; y, sobre todo, a la pompa y el boato puestos en escena, con numerosos amautas, trajes que recuerdan al imperio incaico, pero con elementos tiwanakotas, particularmente el que estrenó el Presidente este miércoles, con una ostentosa pechera de pan de oro.

Respecto de esto último, innecesario debate se produjo en las redes sociales, donde muchas personas hallaron censurable el costo del traje, entre Bs 20.000 y 27.000, dependiendo de la fuente citada, quienes omitieron reconocer que dicho monto fue erogado por el Mandatario y no cargado a las cuentas estatales. Lo mismo puede decirse de los trajes “de telas italianas e inglesas”, que desde esa lógica pareciera que deben estar fuera del alcance de un indígena, por muy presidente que sea.

Se trata, pues, de un esfuerzo consciente y deliberado por reforzar la identidad indígena del Presidente, el mismo que sirve para demostrarle a quienes han votado por él que no se trata de un político más, sino de quien representa a las grandes mayorías del país, cuya piel morena hasta hace muy poco era motivo de abierta discriminación, y hoy todavía es objeto de velado desprecio, tal y como se ha visto días atrás en un conocido centro comercial de la zona Sur paceña, donde los vecinos se sintieron “invadidos”.

Es precisamente esa actitud la que justifica actos como el del miércoles en Tiwanaku, porque, por una parte, sirven para recordar a toda la población cuál es el origen cultural del Mandatario y, por otra, reivindican la grandeza de ese origen frente a quienes desprecian las manifestaciones culturales que han sobrevivido a siglos de colonialismo, pero se entregan dichosos a celebrar fiestas como Halloween, Acción de Gracias o San Valentín, claramente foráneas y ajenas al contexto boliviano.

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