Editorial

Presión tributaria

Es tiempo de ‘presionar’ a quienes se encuentran camuflados en la informalidad.

La Razón (Edición Impresa)

00:51 / 29 de diciembre de 2015

El reciente anuncio del Presidente del Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) respecto a la tercera posición que ocupa Bolivia en relación a los países de América Latina en materia de presión tributaria, con el 27% de recaudaciones impositivas respecto al PIB, evidencia que los esfuerzos por incrementar el aporte tributario al erario nacional están dando resultados.

Desde una mirada retrospectiva, el país en la última década logró elevar en 70% el monto de las recaudaciones por impuestos que se aplican a ciudadanos y empresas (incluido el impuesto directo a los hidrocarburos, IDH). Este logro fue alcanzado en gran medida gracias a las mejoras continuas en tecnología implementadas por la autoridad recaudadora, al fomento en la capacitación técnica de sus profesionales y a una fiscalización efectiva en segmentos de la base tributaria caracterizados por evadir impuestos. De hecho, estas mejoras cualitativas en la administración tributaria permiten al país situarse hoy en materia de presión tributaria por encima de Estados Unidos y muy cerca de Japón o Suiza. Todo este panorama resulta alentador, porque permite pensar que en Bolivia se viene fortaleciendo una conciencia tributaria y que el pago de impuestos es un deber a ser cumplido a cabalidad por todos los ciudadanos sujetos a los distintos gravámenes.

Sin embargo, a futuro queda un espacio para reflexionar de parte la autoridad tributaria sobre la necesidad de generar una mayor presión recaudadora sobre los mismos aportantes, o si es tiempo de ampliar la base tributaria hacia quienes se encuentran camuflados e invisibles en las penumbras de la informalidad con tintes de clandestinidad.

En efecto, el cálculo de la presión tributaria para el caso boliviano únicamente considera a quienes realizan sus actividades económicas a la luz de la legalidad, dejando todo un mundo, no, todo un universo de potenciales contribuyentes al margen de su deber con el Estado en términos impositivos. Si se efectúa un cálculo grosero que incluya al PIB informal no registrado en las cuentas nacionales, pero sí estimado por diversos organismos económicos nacionales e internacionales, la presión tributaria se situaría en torno al 17% y con ello, un retroceso de 15 años en el tiempo.

Si a esta realidad se añade una ficticia reducción en los impuestos generados por el IDH, como consecuencia de la caída del precio de exportación del gas que se encuentra indexado a la cotización internacional del barril de petróleo, la presión tributaria se situaría dos puntos porcentuales adicionales por debajo, llegando a niveles de principio de siglo, cuando la presión no se situaba más allá del 15%.

Ante esta evidencia no tan evidente, es momento oportuno para que los responsables de la recaudación impositiva emprendan la labor de presionar tributariamente a los evasores informales.

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