Editorial

Prospectiva energética

Hace falta una discusión pragmática y realista sobre nuestras debilidades y fortalezas energéticas.

La Razón (Edición Impresa)

00:52 / 25 de noviembre de 2017

Según varias entidades especializadas, estaríamos en los albores de una gran transformación de los mercados energéticos globales. La expansión de los vehículos eléctricos y el aumento del consumo de electricidad, gas y litio podrían ser una oportunidad para Bolivia. Para aprovecharla, se precisa impulsar un diálogo prospectivo y ambicioso sobre lo que debemos hacer frente a este escenario.     

A veces la discusión pública parece atrapada en la confrontación y en un torbellino de pasiones chatas y discusiones tácticas. Ruido que perjudica la comprensión de ciertos procesos de cambio tecnológico y económico en proceso, determinantes para el futuro del país. El acelerado crecimiento del consumo energético es una de esas tendencias. Según la Agencia Internacional de Energía, en 2040 el mundo consumirá 30% más de energía, el uso del gas natural aumentará en 45%, y la demanda de electricidad se duplicará en la mayoría de países en desarrollo. En América Latina, el Banco Mundial proyecta que entre 2011 y 2030 el consumo de electricidad podría incrementarse hasta en un 80%.

Al mismo tiempo, la dinámica de la nueva industria de vehículos eléctricos promete reconfigurar a escala global no solo el sector automotriz, sino también las actividades ligadas a la distribución de energía; la explotación de materias primas como el litio y el cobalto; o el uso de aplicaciones digitales, el denominado “internet de las cosas”. Se anuncia una fuerte competición geopolítica en torno a la construcción de megafactorías de baterías entre empresas de Estados Unidos y China. Aunque aún hay dudas sobre la velocidad de esta mutación, algunos proyectan que entre 2020 y 2030 la proporción de vehículos con motores de combustión pasaría de 98% a 70% en el mundo. Así de grande es la dimensión de esta transformación.

Sucede que el país está potencialmente presente en al menos tres de los eslabones críticos de este nuevo escenario: gas, electricidad y litio. Es decir, ya sea si las asumimos de manera pasiva o proactiva, estas tendencias impactarán profundamente nuestro desarrollo en el próximo decenio. Por tanto, su análisis debería ser hoy una de las discusiones públicas de mayor importancia.

Y esta insoslayable conversación debería superar la estéril querella sobre lo que se hizo bien o mal en el pasado, o la destructiva búsqueda de culpables para todo y nada. Lo que se precisa es un diálogo realista e inteligente sobre lo que debemos hacer, combinando, seguramente, una potente intervención estatal, como la que ya se ha empezado a ejecutar, pero de igual manera junto a una estrategia geopolítica innovadora y un fuerte impulso a asociaciones y alianzas con los grandes jugadores privados de este nuevo escenario. En suma, hace falta una discusión pragmática y realista sobre nuestras debilidades y fortalezas, pero también ambiciosa.

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