Editorial

Quinua para todos

En los mercados del país la quinua se comercializa  al mismo precio que en Holanda.

La Razón (Edición Impresa)

10:40 / 09 de julio de 2016

Uno de los sectores productivos de mayor desarrollo en el país es el quinuero, que en los últimos 15 años, a base del esfuerzo y trabajo de los agricultores en alianza con instituciones del sector público y el apoyo de diversos programas de cooperación internacional, ha logrado posicionarse como un ejemplo de conglomerado económico de alto valor agregado.

De acuerdo con los datos proporcionados en el último Informe La Razón, la producción de quinua llegó a su máximo nivel en 2014, y representó cerca de $us 196 millones en exportaciones, 25 veces el valor obtenido en 2003, tiempo en que se iniciaron los primeros aprestos de una labor conjunta de fortalecimiento de las áreas quinueras del país. Asimismo, se ha logrado consolidar un mercado internacional para el grano de oro de los Andes, que año tras año demanda mayores volúmenes por el alto grado proteínico que posee.

¿Cuáles fueron los factores de éxito para replicar este logro en otros sectores? Primero, la meta de posicionamiento de la quinua como alimento rico en nutrientes fue alcanzada en países como Japón, Holanda, Australia y otros, cuyos estándares de calidad e inocuidad son azarosos de obtener con una certificación de sus cualidades como alimento de fuerte contenido energético y nutricional. Segundo, la generación de tecnologías de producción y transformación costo-efectivas se dio de manera acelerada, lo que permitió incrementar los volúmenes de producción con la mejora del rendimiento por unidad territorial de cultivo. Tercero, la necesidad de contar con una certificación de denominación de origen, que incluya prácticas de cultivo amigables con el medioambiente, permitió ampliar los mercados internacionales de consumo.

Sin embargo, después de haberse declarado 2013 como Año Internacional de la Quinua, el posicionamiento del grano boliviano registró un marcado retroceso respecto a su principal competidor, Perú. En este punto, cabe reflexionar sobre las razones detrás de esta nueva realidad, que podría afectar el consumo interno y externo del cereal nacional. Por un lado, la presión de una mayor demanda por quinua originada en los mercados externos se ha traducido en un incremento exagerado del precio en el mercado interno, que incluso bordea en lo prohibitivo. Además, como agravante, según menciona el reportaje, se ha conformado una estructura oligopólica de acopio y comercialización que se traduce en un precio discriminante para los bolivianos. Como dato, un kilogramo del grano en los mercados de abasto del país tiene el mismo precio que el que se comercializa en un supermercado de Holanda. Entonces, la distorsión en el valor debiera ser la piedra angular que guíe las nuevas acciones gubernamentales de control, para que los bolivianos podamos acceder al grano milenario a un precio justo.

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