Editorial

Racismo

Pese a los avances normativos, la sociedad es tan discriminadora y racista como antes

La Razón / La Paz

00:54 / 24 de mayo de 2013

Por cuarto año consecutivo, hoy se celebra en Bolivia el Día Nacional contra el Racismo y toda forma de Discriminación, en recuerdo de uno de los momentos más dramáticos de la historia reciente, cuando en esta fecha de 2008 un grupo de indígenas fue humillado en la plaza principal de Sucre. Desde entonces hubo algunos avances normativos, pero pocos en la práctica.

En efecto, lo sucedido ese 24 de mayo, y que sacudió la conciencia de gran parte de la población boliviana, no fue sino el clímax de una escalada racista desatada desde el inicio de la Asamblea Constituyente en 2006. No es que el racismo y la discriminación basada en el color de la piel o el origen étnico cultural de las personas hubiese empezado entonces, pero sí está demostrado que fue en ese momento refundacional que los estratos más conservadores de la sociedad, no sólo de Sucre sino de todo el país, sintieron que se estaba produciendo una transformación en las relaciones de poder que les resultaban inaceptables.

Un extenso estudio etnográfico realizado entonces por el Defensor del Pueblo y el Observatorio del Racismo de la Universidad de la Cordillera brinda abundante evidencia de la existencia de las diversas formas en las que el racismo se materializa, comenzando por aquellas en las que aparece como “natural” la división social del trabajo que encomienda a un sector social las actividades intelectuales, como escribir normas o legislar o administrar justicia, y a otro las manuales, entre ellas la labranza de la tierra y los servicios domésticos.

El dramático suceso de aquel 24 de mayo hizo evidente que entre los agresores de ese momento había muchos descendientes de esas personas que estaban siendo agredidas, jóvenes y no tanto que habían migrado a Sucre para estudiar, y de pronto se sintieron calificados para exigir de manera violenta a los campesinos (quienes habían llegado a la ciudad simplemente para participar de un acto político), que volviesen a sus lugares de origen.

El primer efecto de ese acto fue la aprobación de la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación, tenazmente resistida por representantes de los medios de comunicación, que entonces revelaron su incapacidad de comprender no sólo los verdaderos alcances de la norma, sino sobre todo la verdadera función de la comunicación social. Sin embargo, pese a todo ello, poco ha cambiado en Bolivia. La sociedad es tan racista y discriminadora como antes, y son frecuentes las noticias que dan cuenta de la violencia que se ejerce contra uno u otro grupo, como la ocurrida días atrás a tres travestis en Cochabamba, lo que provoca indignación, pero no cambio de actitudes.

Hace falta, pues, mucho trabajo, que debe comenzar en la escuela y en la familia con los miembros más jóvenes de la sociedad. No hacerlo bien es condenarnos a seguir reproduciendo la violencia cotidiana.

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