Editorial

Rechazo y violencia

No se le puede pedir a un árbol con raíces malogradas que dé frutos sanos.

La Razón (Edición Impresa)

04:35 / 25 de febrero de 2013

En las últimas semanas, a raíz del asesinato de dos mujeres que fallecieron luego de ser apuñaladas por sus respectivas parejas, la opinión pública centró su atención en la violencia de género. Otra noticia, un bebé con VIH abandonado por su padre y luego rechazado por un albergue para niños, vino a alertar sobre una de las causas detrás de este mal.

Tras una primera lectura, la relación entre ambos hechos podría parecer lejana. Sin embargo, solemos olvidar que la discriminación y el rechazo son dos de las principales causas detrás de la violencia; y que para contrarrestar el maltrato y los abusos, antes se debe llegar hasta la raíz de ese comportamiento.

En efecto, las personas que han sido rechazadas durante sus primeros años  internalizan actitudes de amargura y autocompasión. Y consecuencia de ello, no sólo tienen baja autoestima y un temperamento explosivo y controlador, sino que además muchas veces incurren en actos de violencia. Por el contrario, quienes han recibido amor y se han sentido únicos y aceptados, de adultos, además de tener dominio propio y confianza en sí mismos, podrán ser gentiles y amorosos con el resto. Se trata de un principio muy sencillo: no se puede dar lo que no se tiene, de la misma manera que no se le puede pedir a un árbol con raíces malogradas que dé frutos sanos.

Por ejemplo, en el caso del bebé abandonado por su padre y después discriminado por el hogar Carlos de Villegas por tener VIH, de no haberse presentado una pareja dispuesta a cobijarlo, su vida hubiese estado colmada de problemas y muy probablemente de delitos. Pues, previsiblemente, habría desarrollado raíces de rechazo, odiándose a sí mismo y al resto.

No obstante, la providencial llegada de esta pareja, dispuesta a darle no sólo un hogar sino también un futuro, cambia su historia. Ahora crecerá en una familia que le hará saber que es amado, que es único y especial, que su vida vale, y mucho. Con esos cimientos, no le será difícil creer en sí mismo, estudiar, trabajar y luchar por su futuro. Pero también y sobre todo podrá amarse a sí mismo y a otras personas.

De allí la importancia de luchar contra el rechazo y la discriminación, y no sólo en los orfanatos, colegios, universidades y centros laborales, sino también y sobre todo en los propios hogares, que es donde se arraigan las primeras raíces del carácter, y se delinean las primeras pautas de nuestra actitud frente al mundo.

También es importante recordar que una persona agresiva y con resentimientos puede superar esta condición; pero con esfuerzo, identificando las raíces de rechazo en su vida, para luego sustituirlas por otras, de aceptación y de perdón. Pero para ello hace falta estar conscientes de que todos somos únicos y valiosos, y que Dios y nuestros seres queridos nos aman no por lo que hacemos, sino por lo que somos.

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