Editorial

Renta petrolera

Lo que hoy se constituye en una bendición, mañana podría ser una calamidad

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:34 / 18 de agosto de 2014

La sugerencia de uno de los candidatos a la presidencia de cambiar las condiciones contractuales de redistribución de las utilidades para que favorezcan a las empresas petroleras socias de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) ha causado en la ciudadanía una serie de sentimientos, que hicieron pensar incluso sobre los sombríos días de la “capitalización”.

No cabe duda de que pretender cambiar las condiciones actuales en las que YPFB está operando constituye un absurdo, porque los actuales contratos son ampliamente favorables al Estado en términos de precios de venta final. El resultado es claro. El ingreso generado por la renta petrolera en los últimos siete años alcanzó los 27.000 millones de dólares, de los cuales el 87% tuvo como destino las arcas nacionales.

Sin embargo, cuando se analiza con mayor profundidad los posibles escenarios en los que YPFB, como empresa-Estado, puede encarar a futuro, queda un margen de intranquilidad, en tanto las condiciones pueden cambiar dramáticamente, y lo que hoy se constituye en una bendición, mañana podría ser una calamidad que tome la forma de una inminente paralización en el crecimiento económico y con posibles pérdidas en el bienestar social, con un doloroso retroceso en desarrollo humano.

En efecto, en un periodo de cuatro a cinco años se deben iniciar las negociaciones con Brasil para fijar los precios de venta de gas natural, que por ahora se determinan en función a la cotización internacional del barril de petróleo. Actualmente el precio de venta se encuentra entre los nueve y diez dólares por BTU (british thermal unit, que es la unidad de energía para exportación). No obstante, el precio de esta unidad de BTU en los mercados internacionales no excede los cuatro dólares. La racionalidad indica que si se define un nuevo precio para el gas boliviano, éste rondaría el último número. Para preocuparse.

Por otro lado, si bien el nivel actual de reservas del energético es suficiente para cumplir con las actuales obligaciones hasta 2025, la interrogante es, ¿y después? Queda pendiente entonces ejecutar la tarea  de iniciar una fase intensiva de exploración y perforación de nuevos yacimientos, que aseguren volúmenes de exportación de gas sin tener que padecer de sobresaltos en términos de cantidad. Para ocuparse.

Estas dos labores son imprescindibles para la sostenibilidad de YPFB y deben iniciarse lo antes posible. Además, el esfuerzo inicial de inversión debería ser efectuado totalmente por el Estado, muy al contrario a la tendencia de querer compartir con alguna empresa privada, puesto que las condiciones actuales permiten obtener el 100% de las utilidades sin tener que compartir con posibles “inversionistas” foráneos.

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