Editorial

Repoblación del lago

Se deben atacar las causas que están provocando la extinción de las especies endémicas

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:06 / 14 de agosto de 2014

Días atrás, la Unidad de Pesca y Acuicultura del Servicio Departamental Agropecuario (Sedag) anunció que desde 2012 se han liberado aproximadamente 10 millones de crías de mauri y karachi en el lago Titicaca, dos de las tres especies de peces en peligro de extinción (la tercera especie amenazada es el suche, y lo propio ocurre con la rana gigante, endémica del lugar).

Este emprendimiento forma parte del proyecto de Preservación y Aprovechamiento Sostenible de Recursos Ícticos Nativos del Lago Titicaca, que se ejecuta desde 2011 en cinco provincias circundantes al lago (Los Andes, Camacho, Omasuyos, Ingavi y Manco Kápac), para evitar que el mauri y el karachi corran la misma suerte que el humanto, el kaño y la boga, especies que se extinguieron en los últimos años.

Según explicó el Director del Sedag, la inseminación artificial de alevinos se realiza con el apoyo de algunos pescadores locales, a quienes se ha capacitado para que capturen e identifiquen a los reproductores de estas especies (macho y hembra). Se trata sin duda de un importante avance, más aún tomando en cuenta que son muchas las poblaciones cuya supervivencia depende de la pesca en el lago sagrado de los incas, en especial algunos pueblos milenarios como los Uros.

Sin embargo, de mucho no va a servir la repoblación del lago si al mismo tiempo no se atacan las causas que están provocando la extinción de las especies endémicas: la introducción de peces foráneos altamente agresivos (el pejerrey y la trucha), la pesca indiscriminada, pero también —y sobre todo— la gran cantidad de aguas residuales e industriales sin tratamiento que recibe este humedal, procedentes tanto de ciudades peruanas como bolivianas. Incluso hay residuos que llegan cargados de metales pesados, como el zinc y el mercurio, generados por operaciones mineras, muchas de ellas ilegales.

Para revertir la pesca indiscriminada, el programa del Sedag promueve el establecimiento de una veda anual de cuatro meses (desde julio hasta octubre) en el lago y demás cuencas. Hasta ahora, 8 de las 77 asociaciones pesqueras que operan en el Titicaca han aceptado cumplir con esta restricción. Hacen falta, por tanto, más campañas de concientización para que las comunidades dedicadas a la pesca entiendan que esta veda resulta fundamental para preservar las especies acuáticas nativas, lo que incidirá en su beneficio y de toda la población.

Respecto a la contaminación, como ya antes se alertó en este mismo espacio, urge que las autoridades departamentales y nacionales, tanto de Bolivia como de Perú, adopten medidas concretas que contrarresten la enorme presión que los pueblos aledaños están ejerciendo sobre las aguas y recursos del lago, antes que los daños sean irreversibles. 

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