Editorial

Responsabilidad social

En el futuro, esta visión empresarial se traducirá en una gran ventaja comparativa

La Razón / La Paz

01:47 / 20 de marzo de 2012

En los últimos años, diferentes empresas alrededor del mundo han comprendido la importancia de asumir el impacto social en su cadena productiva no como un gasto sino como una inversión. Asimismo, varios intelectuales han reflexionado sobre este fenómeno, conocido como Responsabilidad Social Empresarial (RSE), cada vez más extendido también en el país.

En efecto, el sábado pasado, La Razón publicó un especial que daba cuenta de varias empresas en Bolivia que están asumiendo la RSE como una política de importancia creciente para sus compañías. Tiempo atrás, uno de nuestros columnistas (Daniel Oporto) recordaba en las páginas de este diario a uno de los principales promotores de esta práctica: el profesor Michael Porter, de la Universidad de Harvard.

En el libro Shared Value (Valor Compartido), señalaba Oporto, Michael Porter explica que las empresas que incluyen el impacto social en su proceso de planificación estratégica y operación pueden crear ventajas competitivas frente a las que no se decidan a hacerlo. Es decir que incorporar políticas a favor de la sociedad y del medio ambiente puede influir positivamente no sólo en la imagen de una empresa, sino también en sus ingresos a largo plazo.

Evidentemente, algunas compañías interpretan el impacto social como una oportunidad de marketing y relaciones públicas; otras lo entienden como una oportunidad estratégica de sostenibilidad de largo plazo. Independientemente de los motivos, lo cierto es que las empresas actúan siempre en un contexto cultural, histórico y territorial específico. Es decir, que forman parte de una red de encadenamiento productivo hacia atrás y hacia adelante. De allí que este sector puede ejercer un impacto social de mutuo beneficio y sostenibilidad, promoviendo oportunidades de negocios para sectores de menores ingresos como proveedores, distribuidores, consumidores y hasta socios.

Por ejemplo, una empresa de alimentos puede destinar recursos para garantizar la promoción de aptitudes empresariales innovadoras entre sus distribuidores; o bien puede implementar un programa para incrementar la productividad entre sus proveedores rurales.

Y así como puede resultar beneficioso invertir en conocimiento, capacitación y tecnología entre las personas del entorno local; también puede resultar un muy buen negocio destinar recursos para preservar el medio ambiente. Cada vez son más las firmas que están considerando el valor de los servicios medioambientales brindados por los ecosistemas en sus planes  de acción, presupuestos e inversiones.

En el futuro, esta visión empresarial se traducirá en una gran ventaja comparativa en relación a sus competidores, pues, más temprano que tarde, todos los gerentes se verán obligados a armonizar metas económicas con principios ecológicos.

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