Editorial

Retos de integración

Más allá de las diferencias, una mayor integración entre los países de la región es posible

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 26 de diciembre de 2015

Algunos cambios en la preferencia electoral a favor de candidaturas de la oposición (elección presidencial en Argentina y elección legislativa en Venezuela) plantean nuevos retos a los procesos de integración regional y subregional. Quizás el principal desafío sea el de unidad, como pudo evidenciarse en ocasión de la reciente cumbre de jefes de Estado del Mercosur.

En efecto, la reunión ordinaria del Consejo del Mercado Común, celebrada el 21 de diciembre en Asunción, marcará sin duda un doble hito en el reto de integración asumido por los Estados partes y los Estados asociados del Mercosur. Por un lado, las y los mandatarios del bloque emitieron un importante comunicado reafirmando su compromiso de continuar profundizando el proceso de integración. Ello supone impulsar acciones en varios campos, en la economía, los derechos humanos, la democracia.

Por otro lado, se trató de la cumbre más polémica desde el punto de vista político, debido al enfrentamiento declarado entre dos Estados. El flamante presidente argentino, Mauricio Macri, pidió en su discurso “la pronta liberación de los presos políticos en Venezuela”. En rápida respuesta, ante la ausencia del Presidente venezolano, su canciller, Delcy Rodríguez, acusó a Macri de “injerencismo” y de utilizar una doble vara o doble moral para juzgar temas de derechos humanos. Los dos fueron ásperos.

Esta tensión entre el reto y la voluntad de integración, por una parte, y las disputas políticas e ideológicas, por otra, puede extenderse a otros esquemas de integración como la Unión de Naciones del Sur (Unasur) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), impulsados por los llamados gobiernos progresistas. Los vientos o soplidos de “giro a la derecha” en algunos países miembros podrían suponer discordias en el todavía pendiente anhelo de una comunidad de naciones en la región.  

En todo caso, el camino recorrido por esfuerzos de larga data, como el Mercosur (creado en 1991), demuestra que más allá de las diferencias, la integración es posible. Y las tareas no son únicamente declarativas, sino concretas: “apoyar el desarrollo económico con inclusión social, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, fortalecer la justicia social, y erradicar el hambre y la pobreza”. Más todavía: garantizar la vigencia plena de las instituciones democráticas y de los derechos humanos.

Pero sin duda se puede ir más lejos, como lo hizo el presidente Evo Morales en la cumbre al proponer la conformación de un “Estado continental plurinacional”. Si bien se trata por ahora solamente de una buena idea, es fundamental ciertamente divisar nuevos horizontes de integración que permitan enfrentar con mayor solidez la crisis económica global y la caída de precios de las materias primas, pero sobre todo situarse con peso propio en el agitado escenario de la globalización.

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