Editorial

Revolución culinaria

Gustu forma parte de un proyecto que busca catapultar la imagen gastronómica de Bolivia

La Razón / La Paz

01:42 / 04 de abril de 2013

Hoy se inaugura en la urbe paceña Gustu, un establecimiento de comida diseñado bajo los mismos criterios que Noma, considerado (por tres años consecutivos) como el mejor restaurante del mundo. Pero Gustu no es sólo un centro de comida más, forma parte de un proyecto de largo alcance que pretende catapultar la imagen de Bolivia como una potencia gastronómica.

El principal artífice de este importante emprendimiento es Claus Meyer, gastrónomo danés copropietario de Noma, reconocido por ser uno de los mejores chefs del mundo, pero también por su gran talento como promotor y empresario. Y por si esto fuera poco, Meyer descuella por la notable labor cultural y social que realiza en varias partes del mundo. De hecho, más que hacer negocios llegó a Bolivia con la intención de fomentar el turismo nacional, la agricultura local y la producción ecológica de alimentos; y con ello, contribuir a la creación de empleos y oportunidades laborales para las familias más desfavorecidas. 

Para tal efecto, el chef europeo estableció en 2010 una alianza con la organización no gubernamental danesa IBIS; juntos crearon la Fundación Melting Polt Bolivia, que tiene el propósito de convertir a la cocina boliviana en un referente mundial, aprovechando la diversidad de insumos locales y la exquisita comida nacional. La apertura hace un año de una escuela culinaria en la ciudad de La Paz, que actualmente cuenta con 23 estudiantes de estratos sociales bajos, forma parte de este proyecto. Estos jóvenes aspirantes a chefs, meseros y panaderos realizarán sus prácticas en Gustu; y por ello recibirán un salario mínimo de Bs 1.100. Es decir que se les va a pagar por aprender, algo inédito en este tipo de escuelas en la región, como bien señala el chef venezolano Michelangelo Cestari, quien forma parte de este emprendimiento.

Cabe aclarar que la comida boliviana es el punto de partida de Gustu, pero no de llegada. Para esta primera etapa, el restaurante ha preparado 15 platos (entre grandes, pequeños y dulces) elaborados a partir de productos y alimentos locales de varias regiones del país, pero enriquecidos con toques personales, que sin traicionar sus orígenes auguran sabores no sólo deliciosos sino también inéditos, según explicó a La Razón la chef danesa Kamilla Seidler, jefa de cocina de Gustu.

Además de generar empleos y promover futuros emprendimientos, no cabe duda que este importante proyecto servirá para que muchos bolivianos comiencen a apreciar el valor de la riqueza gastronómica del país; y lo propio con gente del exterior. De esta manera, pronto la cocina será entendida no como una afición sino como una verdadera profesión, lo que sin duda abrirá nuevas oportunidades laborales y contribuirá al desarrollo de Bolivia. Toda una revolución, tal y como lo imagina Claus Meyer.

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