Editorial

Revolución paceña

La Paz nació para constituirse en una referencia política, social y económica global.

La Razón (Edición Impresa)

23:31 / 15 de julio de 2016

Hoy La Paz festeja un hecho histórico de relevancia mundial: el levantamiento revolucionario del 16 de julio de 1809, protagonizado por un grupo de valientes ciudadanos, quienes impulsaron la primera proclama de independencia en esta parte de América; proclama que logró plasmar el espíritu de valentía, liderazgo e integración que caracteriza a esta hermosa ciudad.

No sobra recordar que si bien la revolución de Chuquisaca, que estalló tres semanas antes (el 25 de mayo), sirvió de detonante para la rebelión paceña, historiadores como Ramiro Prudencio, columnista de La Razón, explican que el levantamiento de julio se había organizado con bastante antelación, de hecho debía haberse producido en 1805, pero se postergó por diferentes razones.

Prueba de ello sería que tras la rebelión pronto se organizó un cabildo, y éste a su vez presentó un plan de gobierno de 10 puntos muy bien elaborado, denominado Estatuto Constitucional, que tenía “como principio la soberanía inalienable del pueblo, como objeto la independencia autónoma, como fin la reforma del Gobierno y de la sociedad”.

Dicha asamblea adoptó el nombre de Junta Tuitiva, que bien puede ser considerada como el primer parlamento latinoamericano, y culminó con la redacción de un acta de la independencia, en la que los revolucionarios “declaran y juran defender con su sangre y fortuna la independencia de la Patria”. Este histórico documento, fundamentado en el Estatuto Constitucional, en su parte final (no por casualidad, sino por vocación) reza:

“Valerósos habitantes de La Paz y de todo el Imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución, aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miréis con desdén la felicidad dé nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista lá unión que debe reinar entre todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente” (sic).

Y es que, como bien manifiesta la proclama, La Paz nació para ser una ciudad líder no solo dentro del territorio nacional, sino también más allá de nuestras fronteras, así como también para constituirse en una referencia política, social y económica global, bajo una visión inclusiva de hermandad entre pueblos y culturas.

En efecto, no por casualidad confluye en esta hermosa ciudad la bolivianidad toda, edificada por hombres y mujeres cuyas generaciones pasadas se remontan hace siglos, pero también por aquellos que llegaron a la sede de gobierno con un cúmulo de ilusiones, para quedarse en ella y hacerla grande; protegidos por el paraguas de la diversidad de oportunidades y la nobleza de esta urbe, que día a día crece bajo el amparo del Illimani y de la Providencia, gracias a las bondades de su entorno y al esfuerzo y trabajo de su gente.

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