Editorial

Riesgos de la minería

Pueblos milenarios corren el riesgo de desaparecer debido a los impactos de la minería

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:49 / 09 de septiembre de 2014

Durante siglos, gracias a la pesca, la agricultura y el pastoreo, pueblos milenarios como los Urus han logrado vivir sin mayores dificultades en un lugar tan inhóspito como es el altiplano boliviano. Sin embargo, hoy estos pueblos, junto con su milenaria cultura y sabiduría, corren el riesgo de desaparecer, debido a los terribles impactos que provoca la minería.

Y esta grave amenaza se cierne no solamente en torno a las cerca de 90 comunidades que viven en inmediaciones de los lagos Popó y Uru Uru (de acuerdo con estimaciones del Centro de Ecología y Pueblos Andinos), sino también sobre muchas otras, pues la minería está causando daños considerables en al menos 11 cuencas hídricas del país, según alerta una investigación del Banco Mundial, cuyos resultados fueron difundidos ayer, en el último Informe La Razón.

Por otro lado, siempre según la misma fuente, al menos 21 fuentes de agua potable que abastecen a extensas poblaciones metropolitanas del occidente del país también están siendo amenazadas por esta actividad que, pese a su elevado grado de contaminación, se desarrolla en gran medida al margen del control estatal. Por ejemplo, a raíz del rebalse del dique de colas de la empresa minera Santiago Apóstol, ubicada cerca del río Pilcomayo, se dio a conocer que aproximadamente el 80% de las 187 empresas e ingenios mineros registrados en Potosí no cuentan con una licencia ambiental.

La Empresa Minera Huanuni es otro caso paradójico, pues, pese a ser una empresa estatal, contamina igual que sus pares cooperativistas. En 2009 se denunció que esta compañía vierte diariamente al río Huanuni la friolera de 15.500 kilogramos de desechos, entre sustancias tóxicas y minerales. Esta alerta promovió la promulgación de un decreto y una estrategia para recuperar esta subcuenta hídrica. Sin embargo, han pasado cinco años desde entonces y estas promesas se quedaron en papeles.      

Además de estas amenazas hídricas (que devienen por la liberación de sustancias tóxicas y metales pesados hacia caudales de ríos, lagos y arroyos próximos a las zonas de operación, pero también por el uso excesivo del agua en las operaciones mineras), cabe recordar que la minería también ejerce efectos de perturbación en la fertilidad de los suelos, pastizales y cultivos.

Por todo ello, no sorprende que sean tantos los pueblos originarios que están siendo diezmados por la actividad minera, ora porque se están quedando sin recursos para subsistir, ora porque su salud, al igual que la de sus animales, se está deteriorando aceleradamente. Y es que si bien las consecuencias de beber agua e ingerir alimentos contaminados por la minería se manifiestan después de varios años, a la larga esta exposición da lugar a disfunciones renales, hepáticas e inmunológicas que provocan cuadros de morbilidad crónica, amén de malformaciones congénitas en las nuevas generaciones.

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