Editorial

Robo en Huanuni

La Empresa Minera Huanuni es un caso emblemático de corrupción y desidia administrativa.

La Razón (Edición Impresa)

00:14 / 19 de diciembre de 2017

La Empresa Minera Huanuni (EMH), tal vez la más importante de las operaciones de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), puede ser un caso emblemático de desidia administrativa, malas decisiones y una sociedad profundamente corrupta. No hay otra forma de comprender que un tercio de la producción minera desaparezca en manos de los jucus y sea imposible ponerles un alto.

Jucus son aquellas personas dedicadas al robo de mineral. Aparentemente su existencia es tan antigua como la propia minería. Aunque supuestamente es un oficio muy riesgoso, pues los mineros podrían imponer sobre ellos sanciones tan drásticas como el linchamiento, el hecho de que uno de cada tres kilogramos de mineral extraído en los socavones de la EMH sea hurtado (o juqueado) revela que o hay muy poco control o, peor, hay complicidad de parte de quienes deberían evitar ese tipo de robos.

Según el Presidente de la compañía minera estatal, entre enero y octubre de este año, la operación obtuvo ganancias por $us 15 millones, pero “si no hubiera robo de minerales, sería de $us 22,5 millones”. Es decir, uno de cada tres dólares que debieran producirse en la más grande mina estatal del país termina en manos de ladrones de mineral, que aparentemente no pueden ser detenidos.

Agrega la autoridad minera que en la empresa no existe una base de datos precisa que refleje a cuánto ascienden las pérdidas económicas causadas por el juqueo en los últimos años. Los datos que se conocen son desordenados y poco certeros: hay versiones que afirman que un trabajador que produce 100 bolsas de mineral entrega solo 30 y deja las otras 70 preparadas para ser robadas en horas de la noche.

Un exdirigente del sindicato de trabajadores de la EMH afirma que “el robo de minerales es bastante poderoso”, refiriéndose a los grupos organizados en torno a este lucrativo e impune delito. Se estima que en la zona operan unos 300 jucus, distribuidos en varios grupos de entre 80 y 100 personas cada uno. Estos grupos ingresan a la mina por parajes poco conocidos y van por la producción de mayor pureza y ley.

El gerente de la empresa reconoce que hace falta mejorar el control sobre las personas que compran el mineral, “si no existe comprador, no habrá productor ilegal ni se fomentará el robo”, dice y añade que el Servicio Nacional de Registro y Control de la Comercialización de Minerales y Metales (Senarecom) debería ejercer mejor control del mercado de mineral, o incluso asegurar que la Empresa Metalúrgica Vinto tenga el monopolio de la compra de estaño para alimentar su fundición.

Alternativas hay varias, pero sorprende que pese a que son episódicas las noticias que dan cuenta de los numerosos problemas de Huanuni, parezca imposible hacer algo al respecto. Urge que las autoridades, pero sobre todo la sociedad en Huanuni, reaccionen y pongan un alto al robo que causa grandes pérdidas al propio pueblo.

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