Editorial

Robo insólito

Otra hubiese sido la historia si la medalla caía en manos criminales más experimentadas y aviesas

La Razón (Edición Impresa)

23:54 / 09 de agosto de 2018

Entre otras virtudes, las crisis ponen en relieve las debilidades y fortalezas de las instituciones. De hecho, se sabe mejor de qué están hechas en medio de las dificultades. Por caso, el insólito robo de la medalla presidencial, el martes por la noche, puso en evidencia grandes deficiencias en la institución encargada de resguardar esta reliquia de incalculable valor para el país: la Casa Militar.

En efecto, la ciudadanía aún no termina de “recuperarse” del estupor que le causó la reciente desaparición, durante 16 horas, de la banda presidencial y de la medalla que Simón Bolívar dejó como legado al país; más aún tomando en cuenta las peculiares circunstancias en las que ocurrió este incidente.

Cuesta creer que se le haya otorgado el cuidado de la joya más emblemática de Bolivia, devenida en el símbolo del poder estatal, a un teniente del Ejército claramente insensato y sin las aptitudes para realizar un trabajo de tanta responsabilidad. El solo hecho de que este custodio decidiera transportar la medalla y la banda presidenciales en una mochila, como si se tratase de un balón de fútbol, en un vehículo común y silvestre y sin el apoyo de otros militares raya en lo absurdo. Y si a ello se agrega su inaudita decisión, por decir lo menos, de dejar la joya y la banda dentro de su carro estacionado en una de las zonas más peligrosas del país, mientras “hacía hora” en al menos dos prostíbulos a la espera de que salga el avión que debía transportarlo junto con su preciado tesoro, no sin antes haber perdido otro vuelo, la cosa adquiere ribetes de escándalo.

Hablamos de una situación más que propicia para los “amantes de lo ajeno”, tres de los cuales aprovecharon el “descuido” del custodio militar para apoderarse de nada menos que de la medalla de Bolívar y de la banda presidencial bordada con hilos de oro. Afortunadamente se trató de ladrones de poca “monta”, quienes se asustaron luego de enterarse del valor simbólico de su botín y ante el hecho de que gran parte de la Policía y de las FFAA estaban tras sus pasos, lo que les indujo a devolver los símbolos patrios. Pero otra hubiese sido la historia, mucho más triste y menos hilarante, si la joya caía en manos criminales más experimentadas y aviesas.

Y precisamente por ello, porque existe la posibilidad de que esta reliquia de gran valor material y simbólico pueda ser sustraída por redes criminales y/o por autoridades inmorales como el expresidente Mariano Melgarejo, existen protocolos de seguridad que se supone deben ser aplicados de manera rigurosa desde que la medalla abandona las bóvedas del Banco Central hasta su regreso. De allí que la ciudadanía esté a la espera de explicaciones que den cuenta de cómo fue posible semejante extremo de negligencia a la hora de manipular la joya más importante del país; amén de una profunda reestructuración de la Casa Militar en particular y de las reparticiones de seguridad de las FFAA en general.

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