Editorial

Robótica de Ancoraimes

Las posibilidades son enormes, el potencial está allí, depositado en niñas  y niños bolivianos

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 10 de septiembre de 2014

Ancoraimes es un municipio rural de la provincia Omasuyos con algo más de 13.000 habitantes. Según datos oficiales a 2011, tiene una incidencia de 98% de pobreza. De allí salieron dos alumnas de 6° de primaria de la escuela fiscal local para ganar la IV Olimpiada Científica Plurinacional del departamento de La Paz, con un brazo hidráulico hecho de materiales reciclados.

El hecho marca un enorme salto cualitativo en materia de creatividad y diseño por parte de nuevas generaciones que reciben más información, y que moldean sus aspiraciones de conocimiento e investigación hasta límites que hace unos pocos lustros eran impensables. El mérito de las dos pequeñas alumnas de Omasuyos, Erika Mamani y Esmeralda Quispe, es mayor por cuanto provienen de una región con menos recursos, menos acceso y, en general, menos ventajas que sus pares de las áreas urbanas. Es más, pocas personas hubiesen siquiera imaginado que tal hazaña tecnológica hubiese sido posible fuera de las principales ciudades del país.

La noticia sobre el evento señalado acontece en un contexto promisorio: recientemente el Gobierno anunció la entrega de 100 becas de posgrado para los mejores estudiantes universitarios en varias de las más prestigiosas universidades de los países desarrollados; por otro lado, cada vez más estudiantes cuentan con computadoras portátiles en sus propios colegios, que están siendo ensambladas en territorio nacional.

Los niños y jóvenes de hoy son ya “nativos digitales”, vale decir, individuos con acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación, que ya son parte de su vivencia cotidiana, a diferencia de las generaciones nacidas hace 30 años y más. Los actuales procesos de acceso a materiales y conectividad (aunque este último aspecto no tan dinámico como quisiéramos, como ya se ha dicho reiteradamente en este mismo espacio) pueden promover procesos poderosos de aprendizaje y de autoaprendizaje.

Tales avances nos invitan a soñar: ¿hasta dónde pueden llegar los niños de Charaña, Capinota, Entre Ríos, Concepción, San Borja y otros municipios pequeños con más acceso a recursos, con más profesores que estén comprometidos con la calidad de la enseñanza, con más acceso a energía eléctrica y, por supuesto, con más y mejor acceso a internet?

Las posibilidades son muy grandes, el potencial está allí, depositado en niñas y niños bolivianos. Por supuesto, lo que deseamos es que Erika y Esmeralda no sean solo dos estrellas fugaces; necesitamos un cambio de mentalidad, necesitamos que la acción de las autoridades educativas acompañe el empeño y la imaginación de los escolares de hoy, y necesitamos que se multipliquen las iniciativas para que estos niños y jóvenes conozcan más de los avances científicos y técnicos de otras latitudes.

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