Editorial

Ropa china

Gran parte de la industria mundial de textiles se concentra hoy en día en China

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 04 de abril de 2017

Hace menos de una década, cualquier persona que quisiera comprar ropa nacional de buena calidad a precios de mayorista podía ir de madrugada a la plaza Eguino y adquirirla directamente de las confeccionistas, conocidas como “mañaneras”. Hoy, estas mismas mujeres venden ropa a precios bajos, pero de industria china, porque la nacional casi ha desaparecido.

En efecto, según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), si en 2010 Bolivia exportaba textiles por valor de $us 56,3 millones e importaba por $us 36,9 millones, seis años después, en 2016, los números se han volcado: el país exportó $us 7,6 millones e importó $us 53,5 millones. No solo eso: cerca de nueve de cada 10 toneladas de textiles que llegan al país provienen desde China.

El efecto en la economía local es evidente: muchas de las 2.800 mujeres que venden ropa entre las 06.00 y las 09.30 en la popular plaza y sus alrededores sobre la avenida Tumusla han dejado de confeccionar prendería, en muchos casos cerrando talleres y dejando sin empleo a otros artesanos, al extremo que, según la Asociación de Comerciantes Minoristas Artesanos Tumusla-Eguino, el 70% de la mercancía que allí se oferta es de procedencia extranjera.

Dos factores explican este fenómeno. Primero, la porosidad de las fronteras, por donde entra el contrabando no solo de prendas de vestir de procedencia China, sino en general de toda clase de bienes de consumo; cuyo precio obviamente será siempre más competitivo que el de la importación legal, y también en algunos casos que el de la producción local.

El segundo es la creciente facilidad que tienen los comerciantes para importar bienes desde China, ya que con los años ha crecido un servicio de intermediarios cada vez más eficiente entre las grandes fábricas y los vendedores de este lado del Pacífico; si antes los comerciantes debían viajar hasta el Extremo Oriente para hacer negocios, la tecnología ha hecho posible que hoy el trámite se reduzca a un intercambio de mensajes vía WhatsApp o alguna otra aplicación similar.

Un tercer factor que debe tomarse en cuenta es que gran parte de la industria hoy está concentrada en China, y buena parte de las confecciones de la mayoría de las marcas globales provienen del gigante asiático, que es capaz de producir prendas de todas las calidades imaginables e, incluso, falsificaciones.

La respuesta a esta situación no es fácil. Bueno sería aspirar a que los controles aduaneros sean tan eficaces como una política proteccionista que castigue las importaciones de aquellos bienes que se producen en Bolivia, pero ni lo uno ni lo otro parecen ser posibles en el corto plazo. Quizás, por lo pronto, un buen camino sea diseñar políticas de fomento a la producción y consumo de lo hecho en Bolivia, pues mientras el mercado siga prefiriendo lo más barato, será difícil salvar a la industria textil local.

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