Editorial

Saber nadar

No es muy frecuente, pero tampoco desestimable la cantidad de gente que muere ahogada en piscinas o lagos y lagunas de La Paz. En gran parte, ocurre que las personas que se meten en el agua o no saben nadar o, sabiendo, igual se arriesgan en sitios que deberían tener un salvavidas o alguien capaz de ayudar en caso de problemas.

La Razón

01:00 / 04 de diciembre de 2010

No es muy frecuente, pero tampoco desestimable la cantidad de gente que muere ahogada en piscinas o lagos y lagunas de La Paz. En gran parte, ocurre que las personas que se meten en el agua o no saben nadar o, sabiendo, igual se arriesgan en sitios que deberían tener un salvavidas o alguien capaz de ayudar en caso de problemas.

Justamente esta semana ha perdido la vida un consumado nadador, Mario Copani, en una laguna que parece de lo más inofensiva: la de Achocalla. Ocurre que este hombre, de 42 años, disfrutó de las aguas, cruzándolas una y otra vez. Pero, al parecer un calambre le paralizó y, pese a que pidió ayuda, sus familiares no pudieron hacer nada pues ninguna sabe nadar. Por supuesto, en este sitio no hay un salvavidas, pese a que siempre es concurrido por la gente, turistas muchos de ellos, que son atraídos por esta formación natural.

Hay que exigir prevención en ese tipo de lugares que hacen gala de la existencia de tales atractivos. También a las piscinas, que también cuentan víctimas mortales por falta de vigilancia.

En todo caso, dominar el nado es la mejor garantía para sobrevivir. El agua es siempre tentadora, sobre todo para los niños. Mejor si pueden moverse en ella con los mínimos riesgos posibles. Aprender a nadar es un imperativo.

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