Editorial

Sal en exceso

La ingesta excesiva de sal puede ocasionar peligrosas enfermedades

La Razón / La Paz

00:11 / 28 de marzo de 2013

Según estimaciones del Ministerio de Salud, los bolivianos consumen, en promedio, siete gramos de sal cada día. Es decir, dos más de lo que recomienda la Organización Panamericana de la Salud (OPS). No se trata de un dato menor, sobre todo si se toma en cuenta que la ingesta excesiva de cloruro de sodio puede ocasionar peligrosas enfermedades.

En efecto, además de presión arterial (la principal causa de muerte en el mundo), el consumo excesivo de sal trae consigo otros padecimientos tan graves como los infartos, pasando por problemas en los riñones y hasta cáncer de estómago. Es decir que este hábito alimenticio constituye una seria amenaza para la salud pública, tanto más riesgosa por cuanto actúa silenciosamente, promovida subrepticiamente por el consumo de comida chatarra.

Por este motivo, la OPS se ha propuesto implementar campañas en todo el mundo, a fin de reducir el consumo per cápita de sal hasta cinco gramos por día, que es la cantidad promedio que necesita el cuerpo para funcionar sin problemas. La organización de salud espera alcanzar este objetivo en los próximos siete años, hasta 2020.

No se trata de una tarea sencilla, sobre todo si se toma en cuenta que, en las últimas décadas, el mundo occidental ha vivido un drástico cambio cultural, que induce a las personas a comer fuera de sus hogares y a ingerir alimentos procesados, que son precisamente los que más sal contienen. El caso por ejemplo de las papas fritas, hamburguesas, pan, empanadas, frituras, pizzas, entre otros. Cambio que también ha dado lugar a un mayor número de mujeres y hombres obesos en el mundo.

Cabe señalar que estos malos hábitos  —que se adquieren en la infancia, se consolidan en la adolescencia y repercuten a lo largo de la vida adulta— responden al hecho de que la forma correcta de alimentarse hace muchos años que dejó de ser una prioridad. Se trata de un nuevo paradigma que se refuerza diariamente con la publicidad y los nuevos modelos de comportamiento, ligados al ámbito laboral. La gente tiene cada vez menos tiempo para comer bien y para disfrutar de actividades de esparcimiento al aire libre.

Asimismo, cada vez son más quienes excluyen a las frutas, verduras y hortalizas de su menú. En contraste, los embutidos, las comidas rápidas y de paquete, los refrescos azucarados y las golosinas han ido ganando terreno.

Por tanto, si la OPS desea reducir el consumo de sal, necesita atacar la raíz del problema, que se encuentra en la mala educación sobre hábitos alimentarios que la población recibe desde la niñez. Y esto pasa necesariamente por romper esquemas e inculcar desde el hogar la importancia de tener una dieta sana, que vaya acompañada por ejercicio físico y una vida activa.

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