Editorial

Silencio electoral

Se espera que el fruto de este silencio electoral sea el voto consciente

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:05 / 27 de marzo de 2015

Desde las cero horas de ayer rige en el país el silencio electoral, fase fundamental del calendario proselitista cuya función es permitir a la población elegir su voto libre de la presión casi omnipresente de la propaganda política y la participación de las y los candidatos en diferentes espacios mediáticos. Se espera que el fruto de este silencio sea el voto consciente.

Voto libre, consciente e informado son las características deseables del acto individual de elegir a quienes gobernarán, en este caso desde las gobernaciones departamentales y los gobiernos municipales, a la sociedad. El problema es que, vista la naturaleza y calidad de las campañas, lo que ha primado, al menos en la sede de gobierno, fue la voluntad de algunos candidatos de desacreditar a sus circunstanciales adversarios antes que argumentar las propuestas que se hicieron al electorado.

Prueba de esta voluntad equivocada fueron los debates entre candidatos a la Alcaldía, que además de producirse de modo casi azaroso, estuvieron signados por el intercambio de reproches, como ya se comentó antes en este mismo espacio, y tuvieron poco o nada de discusión responsable sobre los innumerables asuntos que interesan y preocupan a la ciudadanía, que debiera estar en condiciones de elegir a la autoridad que conducirá el destino del municipio sobre la base de cuáles cree que son las propuestas más viables para los problemas que le aquejan, en vez de hacerlo en función de la simpatía o antipatía que produce cada candidato en competencia.

No solo la propaganda y la presencia de las y los candidatos en los medios de comunicación está prohibida, también la difusión de resultados de encuestas. Como en todo proceso electoral, las encuestas de intención de voto, a menudo complementada con variables tales como imagen de los candidatos, ayudan a los estrategas a afinar sus campañas, proveen abundante material para la interpretación periodística y, tal vez, empujan a las y los votantes indecisos a tomar posición en favor o en contra de quienes llevan la delantera en las mediciones de opinión.

En ambos casos, el efecto para las audiencias es el mismo: una depauperación del debate democrático. En el segundo caso, porque las encuestas tienden a crear la sensación de algo dado, incluso si se evidencian cambios en la preferencia electoral por una u otra candidatura, y lo más que se obtiene son interpretaciones sobre lo que “pasaría si...”. En el caso de la pobreza de los debates, el efecto es que el electorado no puede considerarse apropiadamente informado, pues lo que conoce son, superficialmente, las intenciones de ejecutar obras (por lo general, faraónicas) sin que quede claro cómo y cuándo, y sobre todo, la debilidad y defectos de los contendientes. Hoy y mañana los electores tenemos la responsabilidad de decidir nuestro voto, ojalá del modo más racional posible.

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