Editorial

Sociedad violenta

En las calles de Santa Cruz cotidianamente se viven intolerables niveles de violencia

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 04 de octubre de 2015

Hace una semana, en una calle de Santa Cruz de la Sierra, un joven agredió a otro con gran saña, causándole severas lesiones y 15 días de impedimento, según su certificado forense. La agresión fue captada por una cámara de vigilancia y la grabación se hizo pública en internet, provocando comprensible enojo en la sociedad y hasta la participación del Ministro de Gobierno.

Quiso la causalidad, además, que el agresor sea un personaje conocido en la televisión, pues participaba del programa Calle 7, muchas veces criticado por los extremos a los que someten a sus participantes deseosos de ganar, tanto en las pruebas como en notoriedad y popularidad. Es el caso del joven agresor, ya que un pequeño grupo de adolescentes se movilizaron en la capital cruceña en su apoyo.

Las imágenes de la golpiza muestran la ira con que actuó el agresor, quien incluso, cuando su víctima yacía inmóvil, salta sobre su cabeza antes de continuar propinándole más patadas. Así, la sociedad de Santa Cruz tuvo una nueva prueba de los intolerables niveles de violencia que se viven cotidianamente en sus calles.

Tras cuatro días sin conocerse su paradero, el agresor apareció en una entrevista televisiva en la que, además de pronunciar una tímida disculpa para su víctima, trató de justificarse aduciendo que aquél lo había provocado al insultarlo empleando epítetos racistas y discriminadores. La golpiza se originó porque la víctima salía con la que el agresor dice que era su novia de “cinco años y cuatro meses”, como si esto fuese un atenuante para su delictivo comportamiento.

Finalmente, el jueves por la noche el joven se entregó a la Policía, que ya había emitido una orden de aprehensión, puesto que hasta ese momento no se había presentado a declarar en el marco de la demanda por lesiones leves, graves e intento de homicidio que la familia del agredido puso en su contra. El Ministro de Gobierno, que con gran olfato político identificó que el caso es ejemplar, ya había exhortado al joven a entregarse, y cuando esto ocurrió pidió a los administradores de justicia cumplir con su deber “para sentar un precedente”.

Hoy, el joven agresor espera el inicio de un proceso que en su peor extremo podría costarle 13 años de cárcel, y cabe preguntarse si la conmoción provocada por el caso ha enseñado algo a la sociedad, pues más allá de la notoriedad del agresor, el caso no es muy diferente de muchos otros que no llegan a los medios, pero repiten un patrón de agresiones y violencia que parecen ya naturalizados para la mayoría de las personas.

No bastará que el joven violento sea juzgado y, eventualmente, sentenciado, ya que la solución no pasa por el castigo, sino por la prevención. Cada padre y madre que enseña a sus hijos a “hacerse respetar” a través de los golpes y la violencia está criando a un potencial agresor y alimentando una sociedad violenta.

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