Editorial

Sube el petróleo

Es de sabios tomar medidas en días  de bonanza para evitar desastres en tiempos de crisis

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:06 / 09 de mayo de 2015

Durante las últimas cuatro semanas, la cotización del barril de petróleo ha experimentado un significativo ascenso, desde los desalentadores 40 dólares hasta los esperanzadores 60, con una tendencia alcista que, según algunas autoridades nacionales del rubro, podría alcanzar los tranquilizadores 80 dólares consignados en el Presupuesto General del Estado.

Con este comportamiento positivo del precio del crudo, efecto de la contracción de la oferta proveniente de Oriente Medio, la caída en las reservas de EEUU y la menor demanda del “oro negro”, fruto de una contracción económica estadounidense durante el primer trimestre de 2015, es de esperar que los ingresos por concepto de la exportación de gas (su precio de venta está indexado al precio del barril de petróleo) se estabilicen y devuelvan la calma a todos.

Los pronósticos agoreros que avizoraron una hecatombe en las finanzas nacionales quedarán ahora en la congeladora, al menos mientras dure el incremento en las cotizaciones del petróleo, algo que depende de que los países productores decidan nuevamente incrementar la producción para no perder sus cupos de mercado y el país del norte no reactive su ritmo de crecimiento.

De todas maneras, el reciente periodo de turbulencia debería llamar la atención entre los responsables de la gestión económica nacional. Y es que muy aparte de creer en la existencia de un blindaje a prueba de proyectiles provenientes del exterior, es de sabios tomar medidas prudenciales para evitar desastres.

Si bien Bolivia es un Estado laico, no está de más recordar un pasaje bíblico en el que un faraón egipcio soñó con siete vacas gordas que luego fueron devoradas por siete vacas flacas. Ante la incapacidad de los sabios y adivinos del reino para interpretar esta experiencia onírica, cobró protagonismo un esclavo judío de nombre José, quien logró descifrar el significado del sueño, que no era sino la llegada de una época de carencia posterior a una bonanza. Consciente de un futuro nada alentador, faraón nombró al hijo menor de Jacob como responsable “anticrisis”, quien, con un espíritu austero y prudente, recomendó ahorrar y no embarcarse en proyectos “faraónicos”. Para tal efecto mandó a construir depósitos en todo Egipto a fin de almacenar alimento en la época de bonanza, y así poder distribuirlo durante el tiempo de carestía.

La moraleja de este relato debería materializarse, tal como lo hizo José, en un esquema de prevención financiera por posibles embates económicos externos que afecten a los ingresos nacionales. La recomendación pasa por crear un fondo de contingencias, como un símil de los almácigos que deben almacenar recursos económicos cuya proveniencia es la misma exportación de gas, así los tiempos difíciles serán menos complicados, por más que el precio del petróleo vuelva a retroceder. 

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