Editorial

Supertifón Haiyan

La temperatura de los océanos es hoy mayor, por tanto, más agua alimenta a las tormentas

La Razón / La Paz

01:52 / 12 de noviembre de 2013

El viernes el tifón Haiyan llegó a Filipinas con rachas de viento superiores a los 350 kilómetros por hora, dejando un reguero de desolación a su paso. Solamente en la capital de Leyte, una de las 26 islas que componen el país asiático, han muerto más de 10.000 personas y más de 3.000 permanecen desaparecidas, según estimaciones de las autoridades locales.

Cuatro días después de esta catástrofe, calificada como la más grande de su tipo en Filipinas, un país acostumbrado a los tifones y a los terremotos, aún es imposible saber el número de víctimas fatales, pues todavía no se puede llegar a buena parte de las zonas del centro del archipiélago devastadas por Haiyan, probablemente el tifón más potente que jamás ha tocado tierra, según señalan los expertos.

Las imágenes muestran lugares devastados, anegados de barro y de tierra, alfombrados con árboles, casas y edificios destruidos, entre los cuales deambulan los sobrevivientes en busca de comida, de sus enseres y de sus seres queridos. Imágenes de terror que apenas permiten vislumbrar el drama que viven actualmente millones de hombres, mujeres y niños que han visto cómo el esfuerzo de toda una vida, literalmente, se lo llevó el agua y el viento en pocas horas.

Además de las pérdidas humanas y materiales, miles de familias viven hoy una situación desesperante, pues las inundaciones han mermado sus cultivos y las escasas reservas alimentarias que tenían; tanto así que los saqueos se están convirtiendo en una práctica corriente ante la falta de agua y alimentos.

Frente a este desolador panorama, un viejo temor ha vuelto a hacerse presente: el calentamiento global. Por ejemplo, expertos del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos estiman que los efectos del tifón Haiyan han sido entre un 10% y un 20% más fuerte de lo que cabría esperar de una tormenta de estas características por el cambio climático.

Ello porque la temperatura de los océanos es hoy mayor y, por tanto, más agua alimenta a las tormentas, las olas son más grandes y la lluvia es más fuerte. En términos globales, este porcentaje adicional puede parecer bajo. Sin embargo, en realidad es tremendamente significativo, porque suele ser la gota que colma el vaso y que hace que las consecuencias sean devastadoras, según explican los especialistas.

Es de esperar que las terribles secuelas de Haiyan así como los análisis  científicos sirvan al menos para que las autoridades mundiales se den cuenta de que el cambio climático no es un mito, que sus impactos son no sólo evidentes sino también crecientes, con costos multimillonarios, y que puede llegar un punto en el que el calentamiento global produzca cambios cualitativos insostenibles en el ambiente.

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