Editorial

Terror en Nueva York

EEUU tiene al enemigo en casa, y por ahora no hay forma de identificarlo oportunamente.

La Razón (Edición Impresa)

00:27 / 22 de septiembre de 2016

El fin de semana, en Nueva York y su vecina Nueva Jersey sendas explosiones refrescaron la memoria de los habitantes de ambas ciudades sobre la vida con miedo. Los atentados ocurrieron no solo en la recta final de la campaña electoral para presidente, sino también en víspera del inicio de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.

En efecto, el sábado por la noche, una explosión en el elegante barrio de Chelsea, en Manhattan, que causó destrozos a 120 metros a la redonda y dejó 41 personas heridas según el más reciente recuento, fue seguida por otra, ésta sin causar daños personales, en las playas de Seaside Park en la costa de Jersey, y por el hallazgo de varios artefactos explosivos en las cercanías de la estación de trenes de Elizabeth, ciudad del estado de Nueva Jersey, y en otros puntos.

La Policía y los servicios de seguridad estadounidenses dieron con el sospechoso en pocas horas, y el lunes lo detuvieron tras un intercambio de disparos en el que el supuesto terrorista resultó herido. De las indagaciones que condujeron a la identificación, arresto y acusación contra el presunto autor de los atentados se sabe que es un ciudadano estadounidense nacido en Afganistán que en los últimos años se radicalizó, al extremo que su padre lo había denunciado hace dos años por su inclinación al yihadismo islámico ante el Buró Federal de Investigaciones (FBI), que luego de una breve indagación lo descartó como sospechoso de actividades terroristas.

Sin embargo, a pesar de la evidencia recolectada, que permitió presentar en su contra una acusación que incluye cargos por “uso de armas de destrucción masiva” y “daños a espacios de uso público”, las autoridades no encontraron vinculación con ninguna de las organizaciones terroristas (Al Qaeda o el Estado Islámico), siempre prestas a reivindicar como propios este tipo de atentados.

El efecto de los ataques en la campaña política se tradujo en críticas desde los medios de comunicación a la ausencia de propuestas de los candidatos demócrata y republicano para evitar que este tipo de hechos se repitan nuevamente; mientras, el candidato republicano, Donald Trump, halló argumentos para reforzar su retórica antiislámica y antiinmigrantes. A su vez, el Presidente de Estados Unidos aprovechó su participación en la Asamblea General de la ONU para pedirles a sus compatriotas que no tengan miedo.

No es el primer ataque cometido por un individuo con simpatías por el ala extrema del islam y tal vez no sea el último, lo que además de representar un complejo rompecabezas para las autoridades y cuerpos de seguridad estadounidenses, alimenta el creciente odio de sectores de la sociedad norteamericana contra la cultura árabe en general. EEUU, pues, tiene al enemigo en casa, y por ahora no hay forma de identificarlo oportunamente.

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