Editorial

Tibio acuerdo

De nuevo se deja para el futuro las soluciones de un fenómeno que cada año se agudiza

La Razón / La Paz

01:21 / 13 de diciembre de 2011

La cumbre contra el cambio climático concluyó con un tibio acuerdo que, nuevamente, deja para el futuro las soluciones de un fenómeno que cada año se agudiza, cobra más víctimas y se vuelve más difícil de enfrentar. Se trata de una demora peligrosa pero previsible, por la angurria de los grandes emisores que se niegan a reducir ahora, de manera obligada, la emisión de gases.

En Durban (Sudáfrica), después de varios días de negociación, las potencias se comprometieron a encaminar un proceso “para desarrollar un protocolo, otro instrumento legal o un resultado acordado con fuerza legal bajo la convención aplicable a todas las partes” que entre en vigor “a partir de 2020”. Este acuerdo debe estar listo en 2015. Lo más destacable de esta hoja de ruta, como la llamaron sus artífices, es que se logró el compromiso, hasta ahora esquivo, de los grandes emisores (EEUU, China, India y en menor medida Brasil) de aceptar un instrumento legal que los obligue a reducir la emisión de sus gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global.

El riesgo está en que se deja para después la solución de un problema que se debería enfrentar cuanto antes, no solamente porque, en el camino, a estas buenas intenciones se las puede llevar el viento, sino también porque cada año las secuelas del cambio climático son cada vez más intensas. Por ejemplo, sólo en 2010 más de 4.800 personas perdieron la vida en China por causa de los desastres naturales, y cerca de nueve millones se quedaron sin hogar por la misma razón en 2011. A pesar de ello, el gobierno chino —al igual que EEUU— prefiere postergar, en nombre del progreso, su responsabilidad dentro de esta lucha contra el calentamiento global.

Ahora bien, no cabe duda de que los países en desarrollo y con millones de pobres, como India, Brasil o la misma China, bien pueden reclamar su derecho al desarrollo y hacerlo en una escala mucho mayor a la de los países occidentales. Sin embargo, resulta también evidente que este afán de progreso se muestra cada vez más contraproducente en cuanto a calidad de vida se refiere. Además, nos guste o no, el planeta ya no puede soportar esta sobreexplotación de los recursos fósiles y minerales. Sobreexplotación que ha provocado una crisis ecológica sin precedentes, y que amenaza con destruir la forma de vida tal y como la conocemos.

Al otro lado de la medalla, la Unión Europea fue el gran protagonista de la cumbre, pues dio muestras de responsabilidad al extender el Protocolo de Kioto, y logró (con el apoyo de los países pobres) al menos comprometer a los grandes emisores para alcanzar un acuerdo en el futuro.

No obstante, sin compromisos concretos y vinculantes, esta declaración será un saludo a la bandera, como claramente lo demuestra el hecho de que las emisiones han seguido aumentando de forma notable en los últimos años.

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