Editorial

Tiempo de jolgorio

La prudencia es indispensable para que el jolgorio sea motivo de alegría y no de desgracias

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 11 de febrero de 2018

Probablemente no haya fiesta más importante para la sociedad boliviana que el Carnaval. Se trata, además del tiempo destinado al jolgorio que implica una liberación de las ataduras de la vida cotidiana antes de ingresar a la Cuaresma (que prepara a los cristianos para vivir la Pascua), de un evento que mueve notablemente la economía asociada a los servicios.

Las ciencias sociales han estudiado abundantemente la importancia de la fiesta en sus diferentes manifestaciones, pues no existe actividad más humana que el regocijo, la diversión y el goce. El Carnaval, de antiquísima tradición en distintas partes del orbe, pero especialmente en la Roma antigua, es una de las mayores manifestaciones de la fiesta, y en el hemisferio sur se vincula claramente con los ritos de la fertilidad y el tiempo de agradecer los frutos de la tierra. De ahí que, por ejemplo, en Bolivia tenga rasgos de evento articulador de la agenda anual.

Desde la monumental entrada folklórica de Oruro, que ha sido declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad; hasta el de Santa Cruz de la Sierra, verdadero punto de partida de la actividad del año en esa región oriental; pasando por los de Tarija, Vallegrande y numerosas ciudades intermedias, el país tiene abundantes formas de celebrar esta fiesta anual, y todas ellas son dignas de reconocimiento por su contenido cultural.

Sin embargo, el jolgorio también viene acompañado del consumo de alcohol, a menudo de manera excesiva. Y si el solo abuso de esta sustancia ya es malo para la salud de las personas, mucho más lo es el estado de ánimo que suele provocar, especialmente en su dimensión violenta. Mujeres y niños y niñas son por lo general las primeras víctimas del descontrol que produce la embriaguez.

Instituciones públicas y privadas han publicado en los últimos días mensajes llamando a la mesura, a evitar el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, a prevenir los actos de violencia en los ámbitos públicos y privados, buscando la diversión sana y respetuosa de los demás (además de evitar el derroche de agua); lo cual sirve como recordatorio de que todas y todos saben que el exceso, si bien es parte de lo festivo, también es la puerta a diversos peligros; pero lamentablemente no todos saben evitarlos.

No está de más, pues, sumarse a las voces que llaman a tener en cuenta que toda precaución es poca y que unas cuantas horas de diversión desenfrenada pueden conducir a males, propios y ajenos, que superan ampliamente los goces disfrutados. Saber medirse, decir no cuando se está en el límite, y respetar la negativa de las o los demás es el primer paso para asegurar que el jolgorio sea motivo de alegría y diversión, y no de desgracias que en su peor extremo no tienen solución.

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