Editorial

Tierra desierta

El mal uso de los suelos puede condenar la vocación de productor de alimentos del país.

La Razón (Edición Impresa)

00:18 / 30 de agosto de 2016

Más de la mitad del territorio boliviano está en camino de convertirse en desierto. La alarmante información fue compartida por el Ministerio de Desarrollo Rural, cuyas autoridades reconocen que el 51% del país está siendo afectado por la desertificación, producto del cambio climático, las malas prácticas agropecuarias y de la expansión urbana.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) utiliza el término “desertificación” para nombrar la degradación de tierra en zonas áridas y/o el cambio irreversible de los suelos a tal estado que ya no pueden ser recuperados para su uso original. Revertir el daño requiere inversiones de largo plazo. Citando datos del Programa Nacional contra la Desertificación y Sequía (Pronaldes) y de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), el Viceministro de Tierras reveló que si en 1996 la desertificación afectaba el 41% del territorio nacional, en 2014 el daño ya cubría el 51% del país. Según uno de los investigadores de la UMSS, una de las causas es la producción acelerada de ciertos cultivos, que empeora la situación, como en el caso de Santa Cruz, donde hay más cultivo de soya, maíz y girasol.

El presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Bolivia explicó que los monocultivos de quina, coca y soya (y probablemente también de maíz, girasol y caña de azúcar) no son controlados por falta de una política pública al respecto. En todo caso, debe recordarse que en varias ocasiones a lo largo de los últimos años se ha ampliado la frontera agrícola para acrecentar la capacidad productiva del país, cosa que hasta ahora no es evidente, a juzgar por las continuas demandas de apoyo estatal para las industrias agrícolas, ora afectadas por fenómenos climáticos, ora necesitadas de subsidios y otros apoyos públicos.

El Viceministro de Tierras cree que también es causa de la desertificación el hecho de que “el ser humano toma la tierra con fines mercantilistas y hace de ella un elemento lucrativo”, añadiendo que “ésta es la lógica actual, cuando antes los pueblos originarios consideraban que sin tierra no había vida”. Probablemente la autoridad se refiere al hecho que en los últimos 44 años Bolivia ha perdido 5,8 millones de hectáreas de bosque; que en la última década se han quemado más de 2,3 millones de hectáreas por causa de las quemas y chaqueos de invierno; en todos los casos, grandes, medianos y pequeños productores tienen su cuota (proporcional, sin duda) de culpa.

Urge, pues, encontrar remedios urgentes para esta situación. El citado viceministro tiene en sus manos un proyecto que pasa por recuperar los saberes ancestrales sobre manejo sostenible de la tierra. Ahora falta voluntad política y, sobre todo, recursos suficientes para hacer de estas iniciativas una realidad. Lo contrario es condenar al país a abandonar su vocación de productor de alimentos.

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