Editorial

Tráfico de fauna

Los animales silvestres no deben ser tratados como mascotas, no lo son y tampoco quieren serlo

La Razón (Edición Impresa) / Micaela Villa Laura

00:06 / 11 de octubre de 2015

Un puma, un mono araña, cuatro parabas y una venado y su cría fueron rescatados por la Dirección General de Biodiversidad de Áreas Protegidas del Ministerio de Medio Ambiente y Agua y la Policía Forestal en menos de diez días durante el mes anterior. Ahora están siendo habituados en el zoológico municipal de La Paz Vesty Pakos, ubicado en el macrodistrito de Mallasa.

Los animales fueron encontrados en casas y hoteles del municipio de Caranavi, en los Yungas paceños, donde se los exhibía como atractivos. El mono araña estaba encadenado a un árbol con un grillete en el cuello y sobre un montón de escombros. Respecto a la venado se presume que iban a servir de comida, porque estaba bien alimentada. Su cría se encuentra enferma y está siendo atendida por veterinarios.

Es obvio que estos animales fueron comercializados ilegalmente. El tráfico de la fauna es una actividad ilícita en el país, vinculada al comercio de especies silvestres vivas y muertas, además de restos como pieles, plumas y otros. Existen tres razones que dan pie a que se cometa este delito: venderlos a coleccionistas, ofrecerlos como animales domésticos y, por último, son asesinados para comercializar sus plumas, colmillos, su piel y otras partes.

Los animales silvestres (tigres, monos, loros, leones y otros) se rigen por las leyes de la naturaleza y no dependen de los humanos para poder sobrevivir, a diferencia de los animales domésticos, como los perros, gatos, caballos, vacas y ovejas, entre otros.

La Ley de Medio Ambiente establece penas de hasta dos años de prisión a quien “comercialice el producto de la cacería, tenencia, acopio, transporte de especies animales (...) o de sus derivados sin autorización o que estén declaradas en veda o reserva, poniendo en riesgo de extinción (...)”.

Este tráfico silvestre es permanente y daña la salud de los animales, tanto que habituarlos a su hábitat natural les toma semanas, meses y hasta años. Algunos simplemente están acostumbrados a vivir con los humanos y hasta no soportan a los de su propia especie. Estos son los casos de un cóndor que fue rescatado de un domicilio donde lo tenían como mascota; y lo propio con un mono araña que incluso era vestido con ropa de niños y masticaba coca; y a un puma le daban comida para perros, pese a ser carnívoro.

Los animales rescatados normalmente llegan deshidratados y las aves con plumaje opaco o el pico resquebrajado. ¿Por qué utilizarlos para espectáculos? ¿Por qué convertirlos en mascotas? Su cuidado y respeto debe ser transmitido entre generaciones. Los animales silvestres no deben ser tratados como mascotas, no lo son y tampoco quieren serlo.

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