Editorial

Tráfico de órganos

Para contrarrestar este sórdido negocio se debería promover la donación legal de órganos

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:28 / 16 de abril de 2015

El delito de tráfico y trata de personas tiene varias aristas, y ninguna tan aberrante como la venta de órganos, junto a la violencia sexual infantil. Si bien ningún Gobierno desea reconocer que en su territorio ocurren este tipo de delitos, la realidad es que en muchas naciones están bastante extendidos, y lamentablemente Bolivia no es la excepción.

En efecto, días atrás, la presidenta de la Asamblea Permanente de DDHH en Bolivia informó a La Razón que entre diciembre de 2014 y enero de 2015 fueron hallados dos cadáveres de mujeres en Bermejo con signos de haber sido víctimas de tráfico de órganos. Además, recordó que entre agosto y diciembre de 2014 desaparecieron ocho jóvenes cuya edad promedio era de 22 años, y se presume que ellos también fueron víctimas de una red de tratantes que opera en ese municipio limítrofe.

Esta información coincide con una reciente publicación del matutino argentino El Tribuno, en la que se reporta sobre el hallazgo de una pierna en Orán, población argentina vecina a Bermejo, que presuntamente pertenecería a una de las víctimas que habría desaparecido en Bolivia. En la misma nota se citan declaraciones de la Ministra de Justicia boliviana sobre la presencia de este macabro ilícito en esa región del sur del país. “En (Bermejo) hemos encontrado dos cadáveres donde se evidenciaba que había tráfico de órganos”, habría señalado la titular de Justicia.

Como bien se sabe, el tráfico de órganos goza de muy buena salud en varias regiones del mundo debido a los elevados montos que se manejan. Por caso, según un reportaje del diario mexicano La Opinión, a diario salen decenas de órganos desde América Latina rumbo a países europeos, donde pagan $us 110.000 por un riñón, $us 162.000 por un hígado, $us 162.000 por un pulmón,  $us 73.000 por una córnea, $us 178.000 por una médula ósea y $us 162.000 por un corazón.

No sobra recordar que una de las maneras más efectivas de contrarrestar este sórdido negocio es promoviendo la donación legal de órganos, una práctica tanto más necesaria por cuanto su escasez da lugar a la creación de un mercado negro en el que los intermediarios se aprovechan de la ignorancia y la desesperación de los enfermos. Y es que, como bien reza el refrán, la necesidad tiene cara de hereje. Para tal efecto, además de campañas que incentiven a la donación de órganos, huelga señalar que diversos estudios aseguran que el número de donantes es mucho menor en países donde para donar uno debe manifestar su voluntad expresa en un formulario, como en Bolivia. En cambio se incrementa significativamente allí donde se presume lo contrario; es decir, aquel que no desea donar tiene que declararlo expresamente. De allí la importancia de promover una norma en tal sentido, para que todo adulto que no se haya opuesto a ser donante pueda ser considerado como tal cuando fallezca.

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