Editorial

Tragedia escolar

¿Por qué el transporte de menores sigue siendo fuente de tragedias en el país?

La Razón (Edición Impresa)

04:00 / 15 de diciembre de 2014

El martes, al final de la tarde, una colisión de dos buses en la carretera Oruro-La Paz causó dos fallecidos y al menos 60 heridos. Muchos de ellos, al menos una veintena, son estudiantes de la promoción del colegio Wálter Alpire, quienes viajaban de regreso a sus hogares, en El Alto, luego de disfrutar un tiempo de esparcimiento en Cochabamba. Se presume que el motivo del accidente fue el exceso de velocidad del bus de la flota El Alteño en el que se encontraban los alumnos y maestros de la promoción que lleva el nombre del presidente Evo Morales Ayma; imprudencia que llevó al chofer a invadir el carril contrario, impactando en un costado al otro motorizado que iba en sentido opuesto.

La indignación y el dolor que provoca un accidente de esta naturaleza impulsan a preguntarse por qué el transporte de menores sigue siendo fuente de tragedias en el país, esto pese a que en el pasado se han anunciado medidas específicas para garantizar la seguridad de los estudiantes luego de que ocurriesen tragedias similares.

Cabe recordar por ejemplo que en octubre de 2013 un bus en el que viajaban 37 escolares de entre nueve y diez años, junto a tres maestros y 15 madres, se volcó en la carretera Potosí-Sucre, ocasionando la muerte de una niña (9) y de un bebé de un año, además de 15 heridos. Se trataba de un viaje de estudios de una escuela de Oruro, cuyo destino final era visitar los restos fósiles de dinosaurios que se encuentran en Chuquisaca.

A raíz de este hecho, las autoridades educativas locales anunciaron la aprobación de una normativa para organizar actividades de esta naturaleza, con requisitos específicos que contribuyan a garantizar la seguridad de los niños, como viajar acompañados por un galeno y un policía de tránsito cuando se trate de un paseo por tierra. No obstante, como pone en evidencia el nuevo accidente que aquí se comenta, no aprendimos la lección.

Viene siendo hora de romper ese círculo vicioso de las buenas intenciones luego de las desgracias y que no logran pasar a los hechos. Urge un marco regulatorio mucho más estricto para normar el transporte de escolares en particular y de pasajeros en general; así como también programas estatales que promuevan una cultura de prevención y autorregulación. Las personas que conducen estos vehículos deberían cumplir con requisitos particulares, tener una capacitación adicional y ser objeto de un control permanente que garantice no solo que poseen las habilidades técnicas necesarias, sino también un perfil psicológico que les permita ser plenamente conscientes de la responsabilidad que acarrea su oficio.

Asimismo habría que revisar de manera efectiva y rigurosa las condiciones y el ciclo de vida de los buses, muchos de los cuales deberían haber dejado de circular hace varios años.

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