Editorial

Tragedia en puertas

El Estado debe encontrar una solución y aplicarla en conjunto con la sociedad

La Razón (Edición Impresa)

23:29 / 24 de abril de 2017

Aunque habitualmente se asocia la aparición de enfermedades y daños genéticos producidos por los agroquímicos y plaguicidas con poblaciones vinculadas a los cultivos de organismos genéticamente modificados, un estudio de la Universidad Mayor de San Andrés ha confirmado que estos males pueden producirse en toda clase de cultivos, incluyendo la agricultura familiar.

En efecto, según alerta una nota publicada por La Razón el domingo, la investigación realizada por la universidad estatal paceña entre 2007 y 2016 ha encontrado daño genético entre las y los agricultores de Sapahaqui y Luribay, dos valles ubicados en el departamento de La Paz; en total, durante la década se ha encontrado a 222 personas contaminadas (116 en Luribay y 106 en Sapahaqui), y se teme que muchas de éstas puedan desarrollar alguna forma de cáncer. La jefa de Genética de la UMSA resume los hallazgos del estudio señalando que “el 100% de los agricultores que estaban expuestos directamente a los plaguicidas organofosforados y piretroides tienen modificaciones en el material genético de las células”. Los organofosforados se emplean para atacar insectos, y los piretroides son moléculas con actividad insecticida.

Cuando la periodista de este diario visitó las poblaciones estudiadas, donde se producen varias clases de hortalizas y frutas que son comercializadas fundamentalmente en mercados de la sede de gobierno, descubrió que el principal factor de exposición a estos químicos tóxicos está en la falta de uso de implementos adecuados (mascarillas, botas, guantes y demás vestimenta) a la hora de preparar y emplear el líquido que es rociado a las plantas.

El segundo factor de riesgo se evidencia a la hora de preparar los químicos, pues las y los campesinos del lugar preparan un “cóctel” mezclando tres soluciones, una de ellas etiquetada como “altamente tóxico” y la otra como “extremadamente tóxico”; la tercera, de nombre “Microcat”, es la menos tóxica. Según evidenció la periodista, la mezcla se realiza sin observar las proporciones recomendadas para cada uno de los productos.Consultados al respecto, los alcaldes de ambos pueblos reconocen estar al tanto de los riesgos a los que está expuesta la población agricultora de sus respectivas jurisdicciones. Uno de ellos habla de “socializar el problema”, con la esperanza de que los pobladores dejen de usar los plaguicidas por decisión propia; el otro trata de convencer a los campesinos señalando los daños que estos químicos están causando a la tierra.

Hay, pues, una tragedia en puertas, ya que no solo tendremos en poco tiempo más personas “inexplicablemente” enfermas con cáncer, sino que su descendencia probablemente nacerá con problemas y enfermedades congénitas, por no hablar de quienes consumen esos alimentos llenos de químicos tóxicos. El Estado debe encontrar una solución y aplicarla en conjunto con la sociedad.

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