Editorial

Traspaso de hospitales

La única manera de asegurar una buena atención es con una institucionalidad sólida

La Razón / La Paz

02:16 / 05 de enero de 2013

En las próximas semanas, todos los hospitales de tercer nivel (aquellos que tienen personal especializado y los medios para prestar servicios de emergencia, terapia intensiva y hospitalización las 24 horas) pasarán a tuición de las gobernaciones. Si bien esta determinación está generando susceptibilidades, responde a un principio esencial para una descentralización eficiente.

Actualmente 17 de los 22 establecimientos de este tipo que existen en el país se encuentran en manos de los gobiernos municipales, quienes se encargan de su manutención, infraestructura y equipamiento; mientras que las gobernaciones cubren los salarios. Empero, desde fines de mes, la totalidad de los gastos y la administración de estos centros pasarán a manos de los gobiernos departamentales. Ello por mandato de la Ley Marco de Autonomía, de julio de 2010. Los nosocomios de primer y segundo nivel seguirán bajo tuición de las alcaldías.

Este traspaso está generando aprensión entre el personal de estos hospitales, pues temen perder su fuente laboral; sobre todo entre quienes no son de planta y trabajan con contratos temporales. De hecho en Santa Cruz los trabajadores anunciaron un paro en rechazo a la designación de gerentes por parte de la Gobernación. Amenaza que sin embargo no se concretó. Por otro lado, muchos pacientes han manifestado su oposición, pues les preocupa que aumente la burocracia y se deteriore la atención que prestan estos nosocomios.

Al respecto, las autoridades departamentales y nacionales han asegurado que la estabilidad laboral está garantizada, así como la prestación de los servicios. Pero más allá de las promesas, la única manera de asegurar una gestión eficiente y una buena atención es configurando una institucionalidad sólida, que garantice la elección de un personal cualificado y la provisión de los medios necesarios para que cumpla con su trabajo.

En cuanto al aspecto económico, la teoría de descentralización señala que, habida cuenta que existen servicios públicos cuyo ámbito espacial de incidencia está limitado a un área geográfica interior al territorio nacional, la provisión debería realizarla el nivel de gobierno que mejor se adapte al tamaño óptimo de beneficiarios.

Por ejemplo, en el caso de marras (los hospitales de tercer nivel) asisten pacientes no sólo de las ciudades capitales sino de todo el departamento, en busca de una atención especializada; sin embargo, son los impuestos de los citadinos los que sostienen esos centros. De allí que sea necesario que un nivel más amplio (en este caso departamental) sea el que corra con los gastos pero también con su administración. Además, al tener menos responsabilidades que los gobiernos municipales, las gobernaciones cuentan con más recursos para invertir en tecnología, equipamiento, infraestructura y la atención médica.

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