Editorial

Trata de personas

El amor al dinero impulsa este macabro negocio que lucra con la dignidad de las personas

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:18 / 01 de agosto de 2015

El jueves se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas, fecha instaurada en 2013 por las Naciones Unidas para contribuir en la lucha contra este macabro negocio, que lucra con la vida y la dignidad de los seres humanos en casi todas las regiones del mundo. La fecha fue propicia para dar a conocer algunas cifras e información valiosa al respecto.

Por ejemplo, de acuerdo con la OIT, cada año 21 millones de personas son víctimas de la trata para trabajos forzosos y/o para fines de explotación sexual. En cuanto a Bolivia, se sabe que es un país de origen, tránsito y destino de este ilícito, y que las víctimas son sobre todo niñas, niños y adolescentes de ambos sexos, ya que el 73% de los 1.330 casos abiertos por el Ministerio Público corresponde a ese rango etario.

Como es de suponer, el dinero es el principal motor de esta lacra, que según datos de la ONU genera aproximadamente $us 35.000 millones al año, solo por detrás del tráfico de armas y las drogas. Además de secuestros y raptos violentos, la promesa de un trabajo bien remunerado y un techo asegurado en un país donde supuestamente el hambre y la injusticia ya no existen, o en la capital de sus países, suele ser la principal carnada que utilizan las redes criminales para captar a sus víctimas. Esta promesa de un futuro mejor hace que miles de mujeres y hombres acepten, sobre todo en países pobres inmersos en conflictos bélicos de corte racial o religioso.

Sin embargo, tras una odisea por distintas naciones y fronteras, cuando llegan al lugar de destino la realidad se torna en una pesadilla. Las mujeres y adolescentes son obligadas a trabajar como prostitutas, empleadas domésticas, a mendigar en las calles u otros oficios no remunerados, siete días a la semana y hasta 14 horas por jornada. Y lo propio ocurre con los varones, pero en trabajos relacionados con la agricultura y la industria. Una vez que concluye su prolongada y ardua jornada laboral, duermen hacinados en habitaciones minúsculas e insalubres, sin ventilación ni luz suficiente, alimentándose precariamente. Por si todo esto fuera poco, las agresiones físicas y psicológicas son algo corriente en este ámbito, ya que constituyen una estrategia para doblegar la voluntad de las víctimas y evitar que escapen.

La corrupción y la falta de instituciones especializadas permiten la prosperidad de esta terrible “industria”, capaz de comprar conciencias y favores en todos los niveles. Por ejemplo en el país de 184 juicios por trata y tráfico de personas entre 2012 y 2015, apenas 12 culminaron con una sentencia. Es de esperar que la conmemoración del jueves y los datos antes mencionados interpelen a toda la sociedad y los impulse a luchar contra este siniestro delito, que es impulsado por amor al dinero y que no discrimina entre clases sociales ni entre niños o adultos.

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