Editorial

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 27 de marzo de 2016

El miércoles, un vuelo de BoA procedente de Sao Paulo trajo consigo el cuerpo sin vida de una joven que había sido llevada al país vecino por un familiar en 2012, a la edad de 17 años, con la promesa de trabajar en un taller de costura con un salario de $us 150 al mes. Empero, como suele ocurrir en este tipo de casos, una vez lejos de su entorno la muchacha no solo tuvo que trabajar gran parte del día sin ningún tipo de remuneración, sino que además fue víctima de abusos sexuales y todo tipo de maltratos durante cuatro años, hasta que al fin pudo escapar y se cobijó en el hogar de otros familiares.

No obstante, su captor logró convencerla de regresar a su lado con la promesa de que le iba a pagar lo que le debía; además, producto de las violaciones había concebido un hijo que hoy tiene un año. Pero otra vez los abusos se reprodujeron y la muchacha finalmente murió por una infección que no fue debidamente tratada, según señala un informe forense de Brasil. Lejos de sentir algún remordimiento, el captor retornó con el cuerpo de su víctima y tuvo el cinismo de exigirles a sus familiares $us 3.250 por los supuestos gastos de la repatriación.

Ciertamente una historia lamentable, que pone en evidencia el horror que subyace detrás de la trata y tráfico de personas, así como la depravación y vileza de los criminales que promueven este delito.

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