Editorial

Trata de personas

Las redes criminales aprovechan la vulnerabilidad de los inmigrantes  para reclutarlos.

La Razón (Edición Impresa)

00:18 / 03 de agosto de 2016

Desde 2013, cada 30 de julio diferentes organizaciones promueven actividades en el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se conmemora a instancias de las Naciones Unidas con el propósito de concientizar a la población sobre la situación de las víctimas e impulsar acciones contra este macabro delito, que en los últimos años no ha dejado de crecer.  

Este año, los funcionarios de la ONU decidieron resaltar la vulnerabilidad de ciertos sectores ante este delito como los inmigrantes y los refugiados, y en particular las mujeres, niñas y niños de estos sectores, pues las redes criminales se aprovechan precisamente del estado de indefensión en el que se encuentran para reclutarlos con fines de explotación laboral y sexual, entre otros propósitos.

La fecha también fue propicia para difundir cifras e información valiosa al respecto. Por caso, la OIT señaló que al menos 21 millones de personas en el mundo son víctimas del trabajo forzoso y de explotación sexual, y que este ilícito ocurre en la gran mayoría de las naciones, ya sea como países de origen, tránsito y/o destino de las víctimas. En cuanto a Bolivia, se sabe que en el país se registran estas tres categorías de trata, y que las víctimas son sobre todo niñas, niños y adolescentes de ambos sexos, ya que el 80% de los 1.100 casos abiertos en los últimos dos años por el Ministerio Público corresponde a ese rango etario.

Una de las razones por las que un negocio tan macabro como este goza de tan buena salud es que, según estimaciones de la ONU, cada año genera la friolera de $us 35.000 millones, solo por detrás del tráfico de armas y las drogas.

Respecto a las formas de reclutamiento, además de secuestros y raptos violentos, se sabe que las redes criminales utilizan la promesa de un trabajo bien remunerado y un techo asegurado en un país donde supuestamente el hambre y la injusticia ya no existen o en la capital de sus países. Pero una vez que las víctimas llegan al lugar de destino la realidad se torna en una pesadilla. En efecto, las mujeres, niñas, jóvenes y adolescentes son obligadas a trabajar como prostitutas, empleadas domésticas, a mendigar en las calles u otros oficios no remunerados, siete días a la semana y hasta 14 horas por jornada. Y lo propio ocurre con los varones, pero en trabajos relacionados con la agricultura y la industria. Además, las agresiones, físicas y psicológicas, son algo corriente en este ámbito, ya que constituyen una estrategia para doblegar la voluntad de las víctimas y evitar que escapen.

Estos datos son una llamada de atención que debería impulsar a la sociedad en su conjunto a organizase contra este siniestro negocio que se alimenta con el tormento y la humillación de las personas, capaz de comprar consciencias y  favores en todos los niveles, y que por amor al dinero no discrimina entre clases sociales ni entre niños o adultos.

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