Editorial

Trata de personas

Todo esfuerzo es poco a la hora de ponerle freno a la maldad de quienes se dedican a este aberrante ilícito

La Razón (Edición Impresa)

01:01 / 10 de diciembre de 2018

En Piura y en Paita, poblaciones de la costa amazónica al norte de Perú, florece el negocio de la prostitución y el comercio de servicios sexuales. El problema no es solamente el tipo de ambiente que suele haber en este tipo de locales, sino, sobre todo, que al parecer las mujeres no trabajan allí por su voluntad, sino porque han sido víctimas de redes de trata y tráfico de personas.

Un periodista de La Razón viajó hasta allá para descubrir que en casas de lenocinio con nombres como La Colmena, Siete y Medio o Mi Luisa trabajan mujeres de Colombia, Ecuador y Venezuela, además de bolivianas. La nacionalidad de las mujeres es el gancho comercial usado por quienes anuncian el servicio ofrecido en grandes galpones ubicados en las afueras del área urbana de ambos pueblos.

Es llamativo el hecho de que el transporte en taxi desde Piura hasta cualquiera de estos “prostibares”, como se los conoce en la zona, cuesta lo mismo que el servicio sexual de cualquiera de las mujeres. Una de las trabajadoras, con gran temor por la permanente amenaza de los guardias, se abrió a conversar con nuestro periodista; reconoció que la mayoría de las mujeres son de Venezuela y Ecuador, y que las bolivianas “son poquitas” y trabajan “por las noches”.

En 2015 la entonces Directora de Trata y Tráfico del Ministerio de Gobierno reveló que solo en La Rinconada, una localidad minera cercana a Puno (Perú), había unas 2.500 mujeres en situación de prostitución. Dos años después, la cifra fue confirmada por autoridades de gobierno de ese país. En aquel entonces la Policía peruana reportó que en Piura había al menos 1.000 bolivianas. Obviamente, es un dato aproximado, pues resulta imposible conocer la verdadera extensión del crimen.

Más preocupante aún es el caso de Paita, a una hora de viaje por tierra desde Piura: se trata de un puerto marítimo que, según la Policía, sirve para el tráfico de estupefacientes. El Jefe de la Macrorregión Policial de Piura reconoce que además también existe tráfico de personas, pues el movimiento económico es grande.

Según el Director de Munasim Kullakita, una ONG que trabaja con mujeres y adolescentes víctimas de trata y tráfico de personas y de explotación sexual, las redes de traficantes captan a mujeres jóvenes ofreciendo lucrativos empleos en Perú. El resto del drama que en ese momento se inicia es fácil de imaginar, y en muchos casos termina en tragedia, de la que pocas personas se enteran.

Es evidente que, al igual que en el caso del narcotráfico, los delincuentes dedicados a este ilícito comercio están dos pasos por delante de la Policía, con la agravante de que en este caso se trata de vidas humanas. Todo esfuerzo, pues, es poco a la hora de ponerle freno a la maldad de quienes no tienen problema alguno para secuestrar personas para obligarlas a trabajar en condiciones de absoluta indignidad, o peor aún, para hacer cosas aberrantes con sus cuerpos.

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