Editorial

Valioso tesoro

En la infancia se desarrollan los esquemas básicos para comprender y actuar en el mundo

La Razón / La Paz

00:04 / 11 de abril de 2013

Mañana se celebra el Día del Niño boliviano, fecha reservada para agasajar al mayor tesoro que tienen las familias bolivianas: los niños. Pero también para generar una mayor consciencia respecto a la importancia de proporcionar seguridad, una dieta saludable y mucho amor a las personas durante la infancia; y no sólo por su bien, sino de toda la sociedad.  

En efecto, la infancia es una etapa trascendental, tanto más importante por cuanto es entonces cuando se desarrollan los esquemas básicos para comprender y actuar en el mundo. El corazón de los niños, tierno e inocente, puede vibrar con las cosas más sencillas. Les basta una muñeca de trapo, un hoyo en la tierra o tan sólo una piedra para diseñar realidades a su medida. Se trata de una cualidad extraordinaria que les permite absorber todo lo que ocurre a su alrededor. Así, sus mentes se alimentan ávidamente con las posibilidades y maravillas que les ofrece la naturaleza, pero también con aquellas que les proporciona la sociedad, muchas veces contraproducentes.

De allí la importancia de que los padres en particular, y la sociedad en general, aprovechen ese tiempo para criar a sus niños con amor y paciencia, en un hogar en lo posible libre de violencia. También resulta fundamental que reciban una dieta saludable, con vitaminas y minerales esenciales. Solo así se podrá evitar que sean vulnerables a las enfermedades, y que su desarrollo físico y mental no se vea comprometido en el futuro.

Las consecuencias de no proteger el bienestar de los niños las pagan ellos en primera instancia. Cuando un menor es víctima de maltrato o de abandono, pierde una de las etapas más hermosas de la vida, lo que afecta su desarrollo y sus expectativas para el futuro.

Pero las implicaciones de estos fenómenos van mucho más allá de ellos mismos y de su entorno. La pobreza y el maltrato infantil tienen un alto costo para la sociedad, pues no sólo son una de las principales causas de la inseguridad en las calles, sino que además comprometen los niveles de cualificación y productividad de la fuerza laboral a medio y largo plazo, así como la capacidad económica y productiva de un país.

En tal sentido debería llamarnos fuertemente la atención que, según estimaciones del Defensor del Pueblo, en nuestro país ocho de cada diez menores reciben algún tipo de maltrato en su familia; y que 20 mil niños viven abandonados por sus padres, en un mundo donde se extraña siempre el alimento, el abrigo y el cariño, pero nunca faltan las enfermedades ni tampoco la violencia. Una situación extrema que nos interpela y recuerda que no sólo en las calles la miseria se vive con todas sus letras, sino también en muchos hogares, y que se trata de un fenómeno creado y alimentado por la sociedad, y que por tanto es responsabilidad de todos erradicarlo.

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