Editorial

Viagra femenino

Se trata de un muy buen negocio para la industria, pero bastante malo para las mujeres

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 21 de agosto de 2015

Después de un extenso debate y dos solicitudes previas rechazadas, el martes finalmente la Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA) dio luz verde a la comercialización de la flibanserina, un fármaco bautizado con el nombre de Addyi para tratar la disminución del deseo sexual en las mujeres premenopáusicas, el mal llamado viagra femenino.

Diferentes expertos alertan que se trata de un muy buen negocio para la industria, pero bastante malo para las mujeres, pues su efectividad no solamente es muy baja, sino que además conlleva una larga lista de contraindicaciones, entre otras, combinada con alcohol esta medicina puede provocar una peligrosa presión baja, náuseas y hasta desmayos.

Por ejemplo, en un artículo publicado semanas atrás, Elmer Huerta, director del Instituto de Cáncer del Hospital Washington Center, explica que en un estudio realizado por los propios promotores de este fármaco las mujeres que lo ingirieron durante varias semanas solo incrementaron el número de relaciones sexuales satisfactorias por mes en 1,7 veces. Un resultado insignificante, sobre todo si se toma en cuenta que en el mismo estudio el número de relaciones sexuales satisfactorias aumentó de 2,7 veces al mes al inicio de la investigación a 3,7 veces entre las mujeres a quienes se les dio un placebo (una pastilla de harina).

Además, agrega el especialista, a diferencia de lo que ocurre con la pastilla azul, que trata de corregir una disfunción mecánica (la falta de irrigación de sangre hacia el pene), este fármaco es en realidad un antidepresivo que busca influir en la libido de las mujeres modificando el nivel de tres neurotransmisores en el cerebro (la norepinefrina, la dopamina y la serotonina), por lo que requiere un tratamiento continuado, no puntual (como el viagra original), lo que a la postre puede generar efectos secundarios.

Entonces, habida cuenta de que su efectividad es mínima, pero no así sus contraindicaciones, cabe preguntarse cómo fue posible que los científicos hayan autorizado su comercialización. Al respecto, Huerta indica que el laboratorio que lo produce, Sprout, se dio cuenta de “que la única manera de influir sobre el panel de la FDA era movilizar a las mujeres de la sociedad civil y apelar al tema de la desigualdad de investigaciones y medicamentos para tratar los problemas de sexualidad en hombres y mujeres”.

Entonces, junto a otras compañías farmacéuticas, Sprout financió la formación de la ONG Even the Score (Empatar el resultado), conformada por 24 organizaciones de mujeres “que han logrado ejercer una presión política extraordinaria en el Congreso norteamericano y evidentemente también en el grupo de expertos de la FDA”. En resumidas cuentas, la aprobación de la flibanserina es un buen negocio para la industria, pero muy malo para la ciencia y la salud de las mujeres.

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