Editorial

Violados

Solo en 2017 hubo 1.324 casos de niños, niñas o adolescentes víctimas de alguna forma de abuso sexual

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 18 de noviembre de 2018

Días atrás se comentaba en este espacio el elevado porcentaje de niñas, niños y adolescentes víctimas de una forma de violencia causada por la negligencia de padres y madres. Casi simultáneamente, el Ministerio de Justicia reveló una inquietante novedad: en Bolivia, en promedio cuatro niños, niñas y/o adolescentes son violados cada día. La situación no es menos que preocupante. En ocasión de anunciarse una colaboración entre el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y Mi Teleférico para, conmemorando el Día Universal del Niño (que se festeja el 20 de noviembre), nombrar a la Línea Celeste “transporte por los derechos de la niñez”, el Ministro de Justicia, citando datos de la Fiscalía General del Estado, anunció que en Bolivia solo en 2017 hubo 1.324 casos de niños, niñas o adolescentes víctimas de alguna forma de abuso sexual.

Debe tomarse en cuenta, además, que se trata del número de casos que fueron de conocimiento del Ministerio Público, pues es bien sabido que, en nombre de la moral y la imagen de los involucrados, muchos casos se concilian en el fuero familiar y por tanto permanecen no reportados e invisibles para la sociedad.

Otro dato escalofriante usado en esa ocasión como recordatorio del estado de situación de los derechos de la infancia refiere que en 2017 se cometieron 84 infanticidios. Que haya, en promedio, un niño, niña o adolescente muerto por violencia cada cuatro días y medio dice muy mal de una sociedad que se dice respetuosa de la vida y los derechos. Es posible imaginar que parte del problema es la impunidad generalizada por causa de la retardación y falta de acceso a la Justicia.

Siendo estructural, el problema de la violencia contra niños, niñas y adolescentes no se resuelve por la vía penal. Sin embargo, el modo en que esta clase de delitos y crímenes es atendido por el Ministerio Público y los demás administradores de justicia es claro indicador de cuán importante es para el resto de la sociedad; incluso si hay organizaciones que hacen de su causa la visibilización de las violencias, pero sobre todo el activismo para cambiar ese estado de cosas. Cuando es el Ministerio de Justicia el que anuncia las preocupantes cifras, cabe esperar que las acompañe de iniciativas para transformar esos indicadores.

En general, la sociedad boliviana tiende a restar importancia a los asuntos de las y los menores de edad, siendo este uno de los factores que posibilita la violencia sexual; y luego el que las víctimas no sean suficientemente escuchadas.

Llegar a la instancia penal, con fiscales y forenses viendo, escuchando y tocando el dolor de la violación, tiene que tener un coto emocional difícil de superar. De ahí que tantos casos se “resuelven” de manera privada. Urge, pues, un nuevo empuje al trabajo en contra de los depredadores y en favor de este sector de la población, que representa el 40% de los habitantes de Bolivia.

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