Editorial

Violencia cotidiana

La violencia, lamentablemente, se reproduce cotidianamente en el entorno escolar

La Razón / La Paz

00:08 / 19 de mayo de 2013

Resulta lamentable decirlo, pero la escuela se ha convertido en el lugar donde la violencia se reproduce cotidianamente, y es más lamentable decir que los principales agresores son los propios alumnos y los padres de familia; las y los maestros están en tercer lugar. Un estudio del Ministerio de Educación ha permitido revelar esta dramática realidad.

En efecto, el informe de la línea base “Situación de violencia en el ámbito educativo”, elaborado por el Ministerio de Educación, a partir de una encuesta levantada a fines de 2012, concluye que los estudiantes varones y los padres de familia son los principales maltratadores en el entorno escolar. “Las estudiantes mujeres también tratan mal a los demás, pero en menor porcentaje, y son ellas en general las que sufren más violencia en los colegios”, revela el informe del estudio.

La investigación, realizada a través de entrevistas a 125.200 estudiantes en 252 colegios fiscales y privados, en áreas rurales y urbanas, muestra que los padres ocupan el segundo lugar en cuanto a principales maltratadores, y resalta que este aspecto repercute en la actitud de los hijos, además de que los conflictos familiares son identificados como la causa para que el alumno sea violento con su entorno educativo.

Los maestros varones se ubican en tercer lugar por la aplicación de formas de “castigo”, como el aislamiento de los y las estudiantes, amenazas, gritos, entre otros. El personal administrativo, compuesto por las secretarias, porteros, auxiliares y regentes, representa el cuarto grupo de agresores. Respecto de las formas de violencia identificadas, el 88% de las personas entrevistadas aseguró que la violencia física, psicológica y sexual está presente en los colegios.

Comentarios denigrantes sobre el aspecto físico (gordo, flaco), situación económica, color de piel y condición indígena son algunas de las causas que alegan los agresores. Asimismo, el 57,40% de entrevistados indicó que las riñas, insultos, ofensas, apodos y bromas groseras son los ataques más recurrentes, “posiblemente porque no dejan huellas visibles”, dice la investigación. El 29,10% mencionó a las peleas, golpes y cocachos como manifestaciones recurrentes de violencia física. Por último, el 6,5% de estudiantes de secundaria alude haber visto o sufrido violencia sexual con miradas o bromas ofensivas; lo mismo ocurre con el 6,3% de maestros y maestras, porcentajes que no por pequeños son menos preocupantes.

Hay, pues, motivos para cuestionar ya no sólo al sistema educativo, sino a la sociedad en su conjunto, ya que el estudio que se comenta es una prueba más de que todos los ámbitos de la vida cotidiana son interdependientes. Ya no basta con reclamar mejor actitud a los enseñantes, urge que desde el hogar se hagan más y mejores esfuerzos por erradicar la violencia.

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