Editorial

Violencia sexual

En India, los insultos y las agresiones contra las mujeres son algo corriente.

La Razón

00:00 / 07 de enero de 2013

La violación colectiva de una joven de 23 años, el 16 de diciembre, en la capital de India, Nueva Delhi, y su posterior fallecimiento dos semanas después a causa de las heridas, ha conmocionado a la sociedad hindú; que ha necesitado vivir una tragedia de tal envergadura para decidir encarar el corriente acoso sexual, los insultos y las agresiones contra las mujeres.

La víctima, una estudiante de Fisioterapia, fue asaltada cuando viajaba en autobús con su pareja. La joven fue golpeada y violada por seis hombres, entre ellos el chofer, durante más de una hora. Después del abuso, fue torturada con una barra de hierro. Finalmente la arrojaron del vehículo en marcha, al igual que a su compañero. Una vez en la calle, según declaraciones del novio, nadie les quiso ayudar. Durante más de 30 minutos, los peatones simplemente ignoraron a la pareja cubierta de sangre. El joven asimismo denunció la conducta de la Policía, que, según su parecer, no evaluó correctamente las heridas ni el trauma psicológico que sufrieron.

Tras luchar durante 13 días para mantenerse con vida, la muchacha murió el 29 de diciembre en un hospital de Singapur. La Policía inculpó formalmente el jueves a cinco de los seis sospechosos, que tienen entre 19 y 35 años. Los cinco hombres fueron acusados de secuestro, violación y asesinato, y pueden ser condenados a morir en la horca.

La brutalidad de este incidente ha puesto en crisis a la sociedad hindú, profundamente machista y desigual. Comportamiento que es en parte socapado por la religión, que divide a las personas por estratos y considera que las desgracias que hoy sufre alguien son el resultado de su comportamiento en vidas anteriores.

Según cifras oficiales, las violaciones se han multiplicado por diez en los últimos 30 años, hasta llegar a 24.206 casos en 2012. Pero este número podría ser muy bajo comparado con los crímenes que en realidad se perpetran. Pues, aunque cada vez más mujeres tienen el valor de denunciar los ataques sexuales, la mayoría no se atreve a hacerlo, por el estigma social que provoca. De hecho, muchas de las féminas ultrajadas se ven obligadas a contraer nupcias con su agresor, por cuanto se cree que la víctima de abuso es impura y ya no podrá casarse en el futuro. Otras, sencillamente optan por el suicidio.

Además, de las violaciones que sí son denunciadas y llegan a los tribunales, pocas son sancionadas (de los más de 600 casos denunciados en Nueva Delhi en 2012, sólo uno concluyó en condena).

Es de esperar que la indignación que ha desatado esta brutal agresión sirva al menos para que haya un mayor rigor por parte de la Justicia y de las fuerzas del orden indias a la hora de evitar y juzgar este tipo de agresiones de género, pero también para que la sociedad hindú desarrolle un mayor respeto hacia las mujeres.

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