Editorial

Dos años después

A las élites se les abre hoy la oportunidad para dejar a un lado la ambición y mezquindad

La Razón / La Paz

01:43 / 14 de enero de 2012

El 12 de enero de 2010, un fuerte sismo cuyo epicentro se localizó a 15 km de la capital de Haití se tradujo en una hecatombe sin parangón, que se cobró la vida de más 220 mil personas. Han pasado dos años desde entonces y la sociedad haitiana, una de las más vulnerables ante este tipo de fenómenos, sigue luchando para levantarse y poder soñar con un mejor futuro.

En efecto, las heridas de ese terrible sismo siguen abiertas dos años después. Un reciente informe de Oxfam, organización dedicada a la ayuda humanitaria, señala que hoy en día más de 519 mil haitianos viven en tiendas de campaña, y que la mitad de los escombros continúan en las calles; de allí las imágenes que muestran a Puerto Príncipe como una ciudad recientemente bombardeada.

Respecto a la salud, la organización humanitaria advierte que el cólera sigue causando cientos de muertes, por cuanto son muy pocos los haitianos que cuentan con acceso a los servicios básicos; y tan sólo el 55% de la población tiene garantizada la seguridad alimentaria. Los más vulnerables y afectados son, previsiblemente, los niños y ancianos.

Pero no todas son malas noticias. El terremoto reveló al mundo entero la existencia de este pedazo de África en América, que desde su fundación viene luchando contra el desorden, la corrupción y la miseria. Y a los países occidentales, en particular, les recordó su deuda con el país caribeño, a quien obligaron a pagar una millonaria indemnización a Francia (hasta finales de 1940, este compromiso continuó desangrando a los haitianos), por su atrevimiento de aspirar y lograr constituirse en la primera república negra libre del mundo; (en La Maldición Blanca, Eduardo Galeano escribió: “el nacimiento de la independencia y la muerte de la esclavitud, hazañas negras, fueron humillaciones imperdonables para los blancos dueños del mundo”).

Quizás por esta deuda, hoy decenas de organizaciones humanitarias occidentales, con la ONU a la cabeza, proliferan en todo Haití, cuya cooperación y muestras de solidaridad no han cesado desde el incidente. Si bien se calcula que sólo el 43% de los $us 4.600 millones comprometidos en 2010 y 2011 se han entregado, los haitianos confirman que la ayuda, de a poco, les está llegando. Especialmente al principio de la tragedia, cuando la cooperación internacional fue clave para atender las necesidades básicas de las cerca de 1,5 millones de personas que quedaron sin hogar.

No obstante, la reconstrucción de Haití no pasa por la cooperación internacional, sino por los propios haitianos, que podrían aprovechar esta difícil situación para unirse en contra de un enemigo común: la miseria. Al respecto, a las élites políticas y económicas se les abre hoy una oportunidad histórica para dejar a un lado la mezquindad, la ambición y corrupción que tanto daño le ha causado a ese pueblo caribeño.

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