Editorial

El bien común

No quedará olvidada en mucho tiempo la huella que el papa Francisco dejó en el país

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

04:01 / 11 de julio de 2015

La visita del papa Francisco ha generado un sentimiento de esperanza en la población boliviana, que vio en el líder de la Iglesia Católica un referente de renovación de fe en cada uno de los mensajes que ha brindado. La diversidad de tópicos que abarcó hizo referencia a prácticamente todos los estamentos de la sociedad y la misma problemática nacional.

Con la consigna de “no más descartes”, el Pontífice sintetiza desde una perspectiva fresca la posición del Vaticano respecto a la situación de los más pobres, marginados y vulnerables, que es consecuencia directa de un modelo económico capitalista (salvaje) que se cubre con el manto de la especulación y se materializa en una sociedad de consumo, cuya única satisfacción es la posesión material sin importar el cómo se produjo o a quiénes se explotó para el disfrute de un bien o un servicio.

Asimismo, la posición papal recuerda que el consumo irracional conlleva a una cultura del “descarte”, de úselo y tírelo; en la que todo es descartable, incluido el mismo ser humano, quien se convierte en un recurso anónimo que únicamente es útil para producir más riqueza que beneficia a los poderosos y privilegiados, quienes hacen uso del capital financiero y la tecnología para su propio servicio en desmedro de los más vulnerables.

Asimismo, el llamado del papa Francisco a la búsqueda de la igualdad, equidad y el logro del bien común trasciende al mismo bienestar como un concepto de inclusión, y en esencia, un cambio de mentalidad, de valores y principios que superpongan el interés de la comunidad por encima del egoísmo individual, de tal manera que los privilegiados en este nuevo orden social sean los excluidos de hoy en día.

Jorge Bergoglio reflexiona y afirma que no es posible pensar en una sociedad justa cuando la riqueza se concentra en manos de unos pocos poderosos que no hacen más que guiarse por la avaricia, deshumanizándose y condenando a los pobres a un estado de permanente miseria, sin oportunidades, sin esperanza y sin futuro.

El Pontífice resalta también de manera categórica que tres son los factores que dignifican al ser humano, sus 3 “T”; techo, trabajo y tierra, que en esencia es la mínima aspiración humana, porque no es concebible que una sociedad viva en armonía cuando aún existen familias sin una casa donde vivir o campesinos sin tierra que son sometidos a condiciones similares a la servidumbre, o que la necesidad de sobrevivir empuje a formas de trabajo indignas que mellan la dignidad de los individuos.

Finalmente cabe resaltar el clamado papal a una búsqueda de diálogo permanente, sincero y transparente en la solución de conflictos, como el centenario enclaustramiento marítimo boliviano, al que se refirió como gesto de solidaridad con el país. No quedará olvidada en mucho tiempo la huella que el papa Francisco dejó.

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