Editorial

Un cambio largamente anhelado

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 22 de mayo de 2016

Allí donde circulan, los camiones repartidores de garrafas de gas licuado de petróleo (GLP) nunca pasan desapercibidos. Esto porque tienen la costumbre de tocar una potente y estridente bocina para alertar a los vecinos sobre su llegada. Como es de suponer, esta ruidosa llamada, que comienza desde tempranas horas en la madrugada y se prolonga hasta bien entrada la tarde, afecta el sueño y la tranquilidad de la población sin discriminación alguna. Y es que bebés, niños, enfermos, ancianos, varones y mujeres deben soportar, por igual, su ensordecedora bocina, sobre todo si residen cerca de vías troncales por donde suelen circular estos vehículos.  

Sin embargo, después de décadas de soportar esta práctica y de innumerables quejas de hospitales, escuelas y vecinos, afortunadamente la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) decidió emitir una resolución administrativa que ordena sustituir la conocida y odiada bocina de los carros repartidores por la cueca Viva mi patria Bolivia, del extinto compositor Apolinar Camacho.  

Se trata sin duda de una excelente determinación, que pone en evidencia cómo, con un poco de voluntad y creatividad, se pueden implementar pequeños cambios que pueden significar grandes beneficios para la población.

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