Editorial

Un caso de racismo

Tal parece que en el país la sociedad aún no ha desarrollado intolerancia hacia el racismo

La Razón (Edición Impresa)

10:31 / 18 de marzo de 2018

Días atrás, un nuevo caso de racismo se hizo público cuando una persona compartió a través de las redes sociales un video en el que se ve a una mujer gritar e insultar a otra en un bus de Santa Cruz de la Sierra solo porque lleva polleras. La indignación creció como la espuma, pero trajo consigo la manifestación de varios defectos que solo empeoran el panorama.

El hecho de que las imágenes y el audio de este nuevo caso de racismo se hubiesen difundido a través de las modernas plataformas de comunicación ha permitido que la reacción sea tan rápida como virulenta (en sus dos sentidos: el de diseminación viral, pero también en el que hace referencia a un estilo sañudo y ponzoñoso de manifestarse), mostrando que si bien la mujer racista es merecedora de repudio y hasta sanción penal en el marco de la Ley 045 de 2010, quienes la critican y denostan, también.

En primer lugar es imposible no darse cuenta de que mientras alguien grababa desde su teléfono celular la humillación sufrida por la víctima nadie en el autobús dijo siquiera algo; da lo mismo si por cobardía o porque comparten la ideología de la mujer racista, pues el resultado es el mismo: la sociedad parece no haber desarrollado intolerancia hacia una de las peores taras que se pueden padecer.

En segundo lugar, como desafortunadamente sucede muy a menudo, la distribución viral del video muestra a una sociedad muy proclive a consumir toda clase de mensajes sensacionalistas. Y este tipo de mensajes es capaz de estimular emociones básicas, como el disgusto, el temor o la ira, lo cual a su vez inhibe el pensamiento racional. Así, se tiene a miles de personas mirando y compartiendo un video y, en el camino, naturalizando una conducta inaceptable bajo argumentos tan elementales como el “así somos” o el “no hay nada que se pueda hacer”.

En tercer lugar, una importante mayoría de quienes sí se manifestaron respecto al acto racista en las redes sociales se decantó por denostar a la racista empleando a menudo términos iguales o peores que los pronunciados por esta mujer. Así, si la discriminación basada en la identidad étnica o los rasgos físicos es fácil de reconocer y de repudiar, el desprecio inspirado en razones de edad o el origen geográfico (“vieja”, “colla”, “camba”) parece ser más aceptable, aunque en el fondo sea igual de dañino.

Finalmente, el jueves la agredida sentó denuncia formal con la esperanza de que su agresora sea procesada en el marco de la ya nombrada Ley contra el Racismo y toda Forma de Discriminación. Es difícil saber si el desarrollo del proceso, si es que siquiera se inicia la correspondiente investigación, merecerá la misma atención pública, pero ciertamente estamos ante un caso que puede servir como ejemplar muestra de que este tipo de comportamientos se sanciona, o como prueba de que el Estado carece de fuerza para hacer cumplir las leyes.

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