Editorial

Celebrar la Navidad

La Navidad es, pues, mucho más que una fiesta comercial o una doctrina religiosa.

La Razón (Edición Impresa)

18:25 / 24 de diciembre de 2018

Hoy el mundo celebra la Navidad, una fiesta familiar por excelencia, al extremo de que no son pocos los que están dispuestos a cruzar océanos y gastar elevadas sumas de dinero con tal de pasar la Nochebuena junto a sus seres queridos, siendo, por lo general, niños y niñas quienes más disfrutan de este acontecimiento, gracias a la ilusión que despierta en ellos el recibir regalos.

Sin embargo, no está de más recordar que, en rigor, antes que celebrar la unión familiar, y mucho menos la aparente prosperidad que muestran los adornos y regalos navideños, en esta fiesta se conmemora el nacimiento de Jesús, un acontecimiento trascendental que cambió para siempre la forma de concebir la vida y la muerte en millones de personas, dando lugar al surgimiento de una nueva religión, el cristianismo, que es profesada por la mayoría de los bolivianos.

Para algunos, esta historia no es más que un relato ficticio, casi parte de la literatura fantástica. Según otros, se trata de una narrativa creada a lo largo de varios siglos para someter y explotar a la plebe, a fin de que acepte sacrificios y privaciones en esta vida a cambio de una supuesta recompensa futura en el paraíso. Pero también están los que aseguran que se trata de un hecho real que dividió la historia en dos. Al respecto, sostienen que difícilmente un personaje ficticio, por muy elocuente que fuese, podría lograr un efecto histórico tan contundente como el que se atribuye a Jesucristo.

Con todo, y al margen de las discusiones teológicas, filosóficas e ideológicas que inspira el cristianismo, la Navidad también puede ser entendida como un punto de inflexión en la agenda anual, pues además de relievarse los principios y valores cristianos (buenos y deseables en sí mismos, incluso a pesar de sacerdotes y pastores que medran y abusan a nombre ellos, enlodando la imagen de la fe que profesan), se abre una pausa para recordar qué hace a las personas quererse entre sí y desear que la buena voluntad acompañe a todas y todos durante los siguientes 12 meses.

La Navidad es, pues, mucho más que fiesta comercial o una doctrina religiosa. Siendo la celebración más importante del calendario cristiano, junto con la Semana Santa, cuando se recuerda la pasión de aquél cuyo nacimiento se festeja hoy, es difícil (si no imposible) abstraerse a su influjo. Y eso es bueno, pues ayuda a que hasta las personas más abyectas sean tocadas por el espíritu del momento, y así sea por un instante, sientan que hay esperanza en el porvenir.

Desde La Razón hacemos votos porque esta Navidad se desarmen los espíritus más combativos y violentos; que toda la sociedad sienta que hay esperanza para el futuro; y que será posible realizar los sueños más caros no reclamando a los demás un cambio de actitud y comportamiento, sino operándolo en uno mismo. La Navidad es tiempo para regalarse un nuevo mundo.

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