Editorial

Contener los chaqueos

Las consecuencias de esta práctica son bastante conocidas, siendo las más nocivas los incendios forestales.

La Razón (Edición Impresa)

23:52 / 18 de julio de 2019

El hemisferio norte está atravesando una ola de calor extrema, que está provocando temperaturas récord en varios países europeos. Por ejemplo, mientras en Alemania el calor llegaba a derretir una carretera en el centro del país, tres personas perdían la vida en las playas francesas cuando intentaban refrescarse en el mar. Se trata de una durísima advertencia que no debería pasar desapercibida por estos lados.

Y es que, no sobra recordar, si bien en el país se están registrado temperaturas muy bajas, estamos ingresando a una nueva fase del ciclo agrícola caracterizada por la preparación de los suelos para las futuras siembras. El problema es que no son pocos los agricultores que realizan este acondicionamiento por intermedio del fuego, a pesar de sus terribles impactos para el medioambiente y la salud de las personas.

En efecto, las consecuencias de esta práctica, que es tan cómoda como irresponsable, son bastante conocidas por estos lados, siendo las más nocivas los incendios forestales, que destruyen el capital natural del país y los servicios ecológicos que prestan los bosques; y la contaminación de nuestras ciudades, que provocan infecciones respiratorias de creciente complejidad, especialmente entre los niños y ancianos. Por ello, tomando en cuenta las condiciones climáticas actuales, los expertos alertan que nuestros bosques podrían sufrir incendios incluso más intensos que los registrados en 2010 y en 2016, los años más secos y con mayor superficie quemada que ha tenido la región hasta ahora.

La idea de una temporada de incendios peor a la de 2010 resulta alarmante, considerando que ese año el fuego arrasó más de 6 millones de hectáreas de bosques y pastizales en Bolivia. Frente a este escenario, urge romper el círculo vicioso en el que participan autoridades, medios de comunicación y ciudadanos en general acostumbrados a protestar y rasgarse las vestiduras contra los efectos de los chaqueos cuando no solo son inminentes, sino peor aún, incontrolables. Lo que necesariamente pasa por tomar acciones para prevenir estas quemas.

Para tal efecto, los especialistas sugieren aprovechar la tecnología satelital y los antecedentes respecto de las zonas que tradicionalmente son víctimas del chaqueo y susceptibles de sufrir incendios. Una vez identificadas, se deberían conformar, en coordinación con las FFAA, brigadas temporales de vigilancia y cuerpos de guardaparques, con formación preventiva ambiental, que intervengan en esas regiones, controlen y eviten la extensión de las quemas.  

Asimismo, urge impulsar campañas educativas y articular esfuerzos entre todos los niveles del Estado y sectores de la sociedad civil que resulten en acciones mancomunadas para eliminar el uso del fuego o al menos educar a los agricultores para que sepan cómo minimizar los riesgos de esta nociva práctica. De lo contrario, las quemas y sus efectos se repetirán, al igual que las quejas póstumas que no tienen mayores consecuencias.

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