Editorial

Los ‘demócratas’

Resulta contradictorio que una parte de quienes ‘recuperaron la democracia’ asuman actitudes antidemocráticas

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

05:58 / 23 de diciembre de 2019

A reserva del debate sobre la calificación de los hechos que derivaron en la forzada renuncia del presidente Evo Morales y la proclamación del Gobierno transitorio, resulta contradictorio que una parte de quienes “recuperaron la democracia”, luego de “14 años de dictadura” (sic), asuman actitudes y exigencias francamente antidemocráticas. Resulta apremiante discutir esta cuestión.

Los “demócratas”, varios de los cuales se declaran o adscriben a la autodenominada “generación pitita”, operan con intensidad y sincronía en redes sociales. Pero también urden en tertulias y columnas de opinión. Se asumen restauradores de la democracia y advierten que están en “alerta permanente y vigilante” contra riesgos internos o externos. Con la insignia de “vencedores”, descalifican toda expresión diferente a la suya o que no comulgue con su lucha. Así no hay convivencia democrática posible.

En nombre de la libertad y la democracia, estas voces (que alguien calificó como “los motoqueros de la opinión”) exigen por ejemplo el cierre de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Están convencidos de que en la actual coyuntura solo basta el Órgano Ejecutivo. Por tanto, el Congreso, “dominado por conspiradores masistas”, merece ser clausurado. Y demandan que la inevitable prórroga de mandato a partir del próximo 22 de enero alcance únicamente a la Presidenta; en ningún caso a los asambleístas electos.

En su afán por preservar la transición, los “demócratas” ahora están en campaña para quitar la personalidad jurídica al MAS. Esto es, lograr que pierda su condición de partido político. Culpables de un “fraude monumental”, deben ser expulsados del sistema electoral. Claro que lo ideal sería eliminarlos, pero como ahora vivimos en democracia, será suficiente con proscribirlos. Algunos dudan de que sea buena idea, pero no por sus convicciones democráticas, sino por miedo (“pueden formar una guerrilla”).

Como la “rebelión ciudadana” continúa, varios “pititas” celebran la persecución política y exigen cárcel para todos los contrarios. Lo que antes era aberración inaceptable: que la Fiscalía y el sistema judicial operen por orden del Gobierno, hoy es digno de encomio. No son necesarias pruebas ni se pide presunción de inocencia o debido proceso. Basta un supuesto o alguna denuncia anónima, con revanchismo del más alto nivel, para acusar por sedición o terrorismo. Vengan detenciones y allanamientos.

Pero sin duda donde más lejos llegaron los “demócratas” en su contradictorio ejercicio antidemocrático en nombre de la libertad conquistada es en la indolente justificación de la pérdida de vidas humanas. Los muertos “del otro lado” no cuentan. Como eran hordas destructoras, se lo buscaron. La acción de la fuerza pública en Sacaba y Senkata no fueron masacres (CIDH dixit), sino “fuego cruzado”. O peor: ellos mismos, anónimos, se mataron. Es el costo de vivir en paz, reconciliación y democracia.

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