Editorial

El desafío del litio

Bolivia puede aprovechar la transformación que se está registrando en la industria automotriz.

La Razón (Edición Impresa)

00:53 / 27 de enero de 2018

Con la popularización del automóvil eléctrico, la industria global automotriz está a punto de entrar en una nueva fase de desarrollo. No será un cambio menor. Gracias a sus grandes reservas de litio, Bolivia podría participar de esa transformación. La oportunidad existe, la gran cuestión es si seremos capaces de aprovecharla con una visión que vaya más allá del extractivismo.

Según la agencia de información financiera Moody’s, a inicios de la próxima década, entre el 7 y el 8% de los vehículos vendidos en el mundo serían eléctricos. Hoy esta proporción alcanza apenas al 1%. Hacia fines de 2020, este porcentaje alcanzaría el 19%. Esto vendría acompañado de grandes transformaciones en las infraestructuras de transporte y distribución energética para facilitar la recarga de los vehículos eléctricos.

Las implicaciones tecnológicas, industriales, financieras y geoeconómicas de este fenómeno serán enormes; sus protagonistas serán las megacompañías transnacionales y nuevas empresas innovadoras como Tesla. No hay que equivocarse, ciertamente las baterías y su principal componente, el litio, son importantes en este escenario, pero su dinámica central se gestionará en otros ámbitos.

Con todo, la dimensión del negocio parece lo suficientemente grande como para impactar significativamente en la estructura de nuestra economía, aunque sea solamente por las exportaciones del litio como materia prima con poco valor agregado, y de la renta que estas ventas podría generar.

En el país sabemos que ese mineral constituye una muy buena opción para diversificar nuestras exportaciones; un nicho rentable aunque con mercado limitado. Pero en el próximo decenio será mucho más que eso, será parte de una de las transformaciones industriales cruciales del siglo. Es decir, tiene potencial para arrastrarnos por las buenas o por las malas.

Reconociendo el enfoque soberanista del Gobierno en esta cuestión, que parece sensato en un momento en que el litio se está volviendo un recurso estratégico global; y los esfuerzos para desarrollar tecnología propia, parece imprescindible avanzar con celeridad en alianzas pragmáticas con los jugadores empresariales mundiales clave que pueden abrir mercados, aportar tecnología y, sobre todo, conectividad con los nodos críticos del negocio.

El otro gran reto consiste en pensar cómo traducir esta coyuntura en mayores oportunidades laborales y educativas para los ciudadanos, y en cómo repensamos nuestro desarrollo territorial de manera que aprovechemos el ser parte de un eslabón relevante de la globalización tecnológica.  

Así pues, el desafío colectivo pasa por garantizar que nuestra participación sea audaz, reflexionada y estratégica. Solo de esa manera se podrá demostrar que la “maldición” de los recursos naturales ocurre únicamente en sociedades que dejan de tener confianza en sí mismas y que se solazan en sus conflictos y divisiones.

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