Editorial

La oferta electoral

Falta mucho por hacer en salud y educación. Así, los planes de gobierno deberán apuntar a eso.

La Razón (Edición Impresa)

23:28 / 31 de enero de 2019

Inmediatamente después de terminadas las polémicas elecciones primarias del domingo, cuyo propósito fue inculcar en las militancias la democracia interna a través de una votación partidaria nacional, diversas organizaciones políticas hicieron conocer su interés de trabajar en una estrategia de campaña y una propuesta programática con miras a las elecciones de octubre.

Ocho de las nueve formaciones políticas expresaron su posición y una, el MNR, adelantó que irá con calma en este proceso. Unas proponen una construcción “cara a cara” de sus planes, otras se plantean una campaña “larga” y algunas apuntan a las redes sociales como aliadas para la propaganda y la socialización de sus ideas de gobierno.

Cinco días después de los comicios, aún no se percibe claridad sobre el asunto. El sistema político aparenta un silencio respecto de sus iniciativas propias, aunque todavía está abocado al debate sobre el cuestionado Tribunal Supremo Electoral (TSE), que en los últimos días pasó a ser cuestionado y apuntado de manipulación por parte del presidente Evo Morales, en razón de los resultados no esperados por el oficialismo, y la renuncia de una de sus vocales, Dunia Sandoval, en medio de revelaciones contra la gestión del árbitro electoral.

Hay que entender el caso como parte de la guerra de posiciones, en el interés político de descalificar y calificar al organismo electoral para lograr réditos. Como es importante precautelar la labor del rector electoral en aras de la construcción democrática, también es esencial la presentación de un plan de gobierno.

En los últimos años, el oficialismo se ha empeñado en mostrar sus logros, comparándolos con sus antecesores, y la oposición, a descalificarlos o desahuciarlos. En esa lucha de posiciones, los actores políticos han expresado su percepción particular sobre los cambios.

El MAS, que repostula a Morales y García, ha llamado a su gestión de 13 años el “proceso de cambio”, que para bien ha removido la forma de gestión respecto de la recuperación de la identidad indígena, la consolidación de la soberanía nacional o la redistribución de recursos, pero también ha incurrido en viejas prácticas nocivas en la administración pública; de hecho, en su informe del 22 de enero, el mismo Morales consideró que los problemas pendientes de su gestión son la corrupción y el contrabando.

El país es otro, y para bien, hay que admitirlo. Sin embargo, falta mucho por hacer, especialmente en ítems de salud y educación. Así, los planes de gobierno en adelante deberán apuntar a eso.

Habrá que ver si en las propuestas que se presenten, incluso desde el MAS, habrá algo nuevo que ofrecer al electorado. Más allá del discurso político, que suele magnificar los hechos o descalificarlos injustamente, la ciudadanía sensata sabe cuánto se avanzó (o se retrocedió). Candidato que quiera plantear una alternativa de gestión del Estado diferente a lo hecho por Morales y el MAS tendrá que esforzarse por plantearle al  país algo mejor. Lo cierto es que el país es otro en la última década.

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